En los últimos meses, dos eventos de alta energía han captado la atención de la comunidad científica. Por un lado, un destello de ráfaga rápida de radio (FRB) proveniente de una era en la que el cosmos contaba apenas 3.000 millones de años ha sido localizado con precisión. Por otro, una señal de ondas de radio proveniente de Beta Pictoris b un exoplaneta masivo a 63 años luz, sugiere la existencia de auroras extraterrestres. Ambos hallazgos, aunque diferentes en origen, comparten la capacidad de actuar como faros que iluminan épocas y procesos que de otro modo permanecerían ocultos.
Los FRB son pulsos ultra breves –de apenas milisegundos– que liberan cantidades de energía comparables a la que el Sol emite en más de un año. Aún cuando varios de ellos se han asociado a magnetares objetos extremadamente magnetizados, la diversidad de sus características indica que pueden nacer de varios fenómenos astrofísicos. La nueva detección, catalogada como FRB 20240304B supera todos los registros previos y abre la puerta a una era de exploración del universo temprano mediante estas explosiones radiofónicas.
FRB 20240304B: el rayo más antiguo jamás localizado
El 4 de marzo de 2024, el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica capturó una señal que, tras un análisis exhaustivo, reveló un corrimiento al rojo de 2,148. Ese valor sitúa al origen del pulso en un momento en que el universo tenía aproximadamente 3.000 millones de años, es decir, hace entre 10.000 y 11.000 millones de años. La energía liberada equivale a la que el Sol desprende en un año y medio pero concentrada en apenas unos segundos.
Para confirmar la procedencia, el equipo liderado por Manisha Caleb y Themiya Nanayakkara recurrió al telescopio espacial James Webb. Las observaciones en infrarrojo permitieron identificar una diminuta galaxia en la vecindad del FRB, con una masa estelar de ~10 millones de masas solares y una tasa de formación estelar de 0,2 M☉ año⁻¹. La escasa metalicidad (10-20 % del solar) indica que se trata de una galaxia joven y pobre en elementos pesados lo que favorece teorías que vinculan los FRB a magnetares nacidos poco después de la explosión de estrellas masivas.
Beta Pictoris b y la posible aurora cósmica
Mientras los astrónomos descifraban la historia del FRB, otro grupo, también utilizando MeerKAT, detectó una señal de radio persistente que apunta a Beta Pictoris b. Este gigante gaseoso, con una masa 12 veces superior a la de Júpúpiter, orbita a apenas 63 años luz de la Tierra y pertenece a un sistema planetario de apenas 23 millones de años. La señal se interpreta como una emisión auroral fenómeno que en la Tierra y en planetas como Júpiter surge cuando partículas cargadas interactúan con el campo magnético y la atmósfera, generando ondas de radio detectables.
Si la hipótesis resulta correcta, la detección se convertiría en la primera medida indirecta del campo magnético de un exoplaneta fuera del sistema solar. Los campos magnéticos son cruciales para proteger las atmósferas planetarias del viento estelar y podrían influir en la habitabilidad a largo plazo. Además, la observación abre una nueva vía para estudiar la magnetosfera de mundos distantes sin depender exclusivamente de la luz visible.
Implicaciones y futuro de la radioastronomía
Ambos descubrimientos subrayan el poder de las ondas de radio como herramientas de exploración. La dispersión que sufre un FRB al atravesar el plasma interestelar permite medir la cantidad de materia ionizada entre el origen y la Tierra, ofreciendo una mapa de densidad cósmica para épocas casi inalcanzables. De manera similar, las emisiones aurorales de exoplanetas pueden revelar la arquitectura magn ética de sistemas planetarios jóvenes, información fundamental para comprender su evolución.
Con la próxima generación de telescopios, como la Array de Telescopios de Milagro y la ampliación de MeerKAT, los científicos esperan detectar FRB aún más distantes, acercándose a la era de las primeras estrellas. En paralelo, la búsqueda de señales aurorales en otros exoplanetas se perfila como una frontera emocionante, capaz de transformar nuestra visión de los planetas fuera del sistema solar.



