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2 septiembre 2026

El acuerdo petrolero entre EE.UU. y Venezuela: detalles y controversias

Una empresa estadounidense respaldada por la Administración Trump planea invertir masivamente en la industria petrolera de Venezuela, pero el acuerdo enfrenta críticas y desafíos legales.

El acuerdo petrolero entre EE.UU. y Venezuela: detalles y controversias

En un movimiento que ha generado tanto expectativa como controversia, la Administración Trump ha anunciado un acuerdo para adquirir una participación directa en algunos de los yacimientos petroleros más valiosos de Venezuela. Este acuerdo, liderado por la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP) dirigida por el empresario Alejandro Betancourt busca impulsar la producción de crudo en un país que ha visto una disminución significativa en su capacidad de extracción.

El plan incluye la instalación de más de 50 plataformas de perforación en los próximos años, con el objetivo de explotar 17 yacimientos que albergan aproximadamente 65.000 millones de barriles de petróleo. Sin embargo, este acuerdo no está exento de críticas y desafíos legales, ya que expertos jurídicos y ejecutivos del sector petrolero han expresado sus dudas sobre su viabilidad y legalidad.

El plan de perforación y sus objetivos

Según documentos internos, NABEP planea desplegar seis plataformas de perforación para finales de 2026, 12 más en 2027 y dos adicionales por mes a partir de 2028. Este esfuerzo masivo busca aumentar la producción de crudo en un país que actualmente extrae alrededor de 1,2 millones de barriles al día, una cifra muy por debajo de los 2,5 millones de barriles diarios que producía en 2014.

La empresa ha adquirido 23 nuevas plataformas de perforación de contratistas estadounidenses y planea reacondicionar otras 30 para mantener y aumentar la producción de los pozos existentes. Este plan, financiado con el flujo de caja proveniente de la producción petrolera actual de NABEP, que extrae 200.000 barriles de petróleo al día, busca posicionar a la empresa como el segundo mayor productor privado de Venezuela, superando incluso a Chevron.

Los desafíos legales y políticos

El acuerdo enfrenta importantes desafíos legales y políticos. Expertos jurídicos han cuestionado si la transacción es legal según la Constitución venezolana y si el plan sobrevivirá a los cambios políticos tanto en Venezuela como en Estados unidos. La incertidumbre generada por estos factores podría frenar las inversiones en un sector que requiere un gran volumen de capital y un horizonte a largo plazo.

Además, el acuerdo ha generado preocupación entre los analistas, quienes advierten que podría desestabilizar al gobierno interino de Venezuela y provocar una reacción política adversa. La sensación de que Estados Unidos está explotando los recursos naturales de Venezuela podría intensificar las tensiones y afectar la estabilidad del país.

El papel de Alejandro Betancourt y las controversias

Alejandro Betancourt, el empresario venezolano detrás de NABEP, no está exento de controversias. Betancourt ha estado bajo la lupa de la justicia española y suiza por presuntos casos de blanqueo de capitales y delito fiscal. A pesar de estas controversias, su empresa ha recibido el respaldo de la Administración Trump, lo que ha generado críticas y preguntas sobre la transparencia y la legalidad del acuerdo.

El acuerdo también implica que Estados Unidos tendrá una participación del 35% en NABEP y derechos de preferencia sobre el 80% de la producción, lo que garantiza un suministro privilegiado de petróleo en situaciones de emergencia. Este acuerdo busca no solo aumentar las reservas petroleras estadounidenses, sino también reducir los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses.

Sin embargo, los analistas advierten que el acuerdo podría no lograr atraer la inversión de grupos estadounidenses y que los riesgos políticos y financieros son significativos. La explotación del petróleo pesado venezolano, que requiere equipos y habilidades especializadas, representa un desafío técnico y financiero adicional.

Autore

Andrés Rodríguez

Andrés Rodríguez, madrileño de 33 años con aire moderno y relajado, recuerda cubrir las protestas de la Puerta del Sol durante el 15-M desde una bicicleta. Defiende un periodismo cercano que prioriza testimonios vecinales frente a titulares fríos; vive en Malasaña y compagina crónicas con proyectos de audio local.