En los últimos años, las escuelas de negocios han incorporado el lenguaje del impacto social en sus declaraciones de misión y actividades académicas. Sin embargo, un análisis reciente revela una brecha significativa entre el discurso y la acción. A pesar de las conferencias y los objetivos declarados, la mayoría de las instituciones no han logrado una reorientación fundamental en la creación y aplicación del conocimiento.
El problema no es la falta de conciencia, sino la arquitectura institucional que prioriza actividades tradicionales sobre el cambio estructural. Las escuelas de negocios necesitan pasar de un modelo de valorización lineal donde el conocimiento fluye de los investigadores a las revistas académicas, a un modelo catalizador que integre la co-creación y la validación dual.
La brecha entre el discurso y la acción
Un artículo de AACSB Insights de 2026 identificó el modelo de investigación dominante como valorización lineal donde el conocimiento fluye en una dirección, beneficiando principalmente a las escuelas y la facultad, con la sociedad como una ocurrencia tardía. En contraste, el modelo catalizador propone la co-creación y la validación dual, reconociendo que la investigación en gestión es una ciencia social cuya legitimidad depende del compromiso con las comunidades.
Ulrich Hommel, en un comentario de Medium de 2026, profundiza en esta crítica, señalando que las organizaciones que desarrollan un lenguaje sofisticado en torno a una misión social pueden aislarse estructuralmente de la presión para actuar en función de ella. El discurso del impacto se convierte en un sustituto de su entrega, lo que explica la persistencia de la brecha de relevancia en la educación de gestión.
Integración de los dominios del conocimiento
Para lograr un cambio real, las escuelas de negocios deben integrar dos dominios de producción de conocimiento: el dominio del conocimiento ascendente que incluye la investigación académica y la educación doctoral, y el dominio del conocimiento descendente que abarca la educación ejecutiva y las asociaciones corporativas. Estos dominios no están en oposición, pero actualmente funcionan como silos institucionales con poca interacción sistemática.
El modelo catalizador exige que estos dominios funcionen como un sistema integrado, donde el conocimiento ascendente y descendente se alimentan mutuamente en un ciclo continuo. Esto requiere un alejamiento de la valorización lineal hacia la validación dual donde la creación del conocimiento está moldeada por la demanda social y la aplicación del conocimiento genera evidencia que se alimenta de la investigación académica.
Procesos para hacer real el ciclo de creación de valor
Para operacionalizar este ciclo, se requieren cinco procesos interconectados. El primero es la detección de la demanda que implica la identificación sistemática de los desafíos del mundo real y las necesidades organizativas. Las escuelas de negocios deben desarrollar mecanismos formales para dar forma a la agenda de investigación basada en estas demandas.
Otros procesos incluyen la co-creación de conocimiento donde investigadores y profesionales trabajan juntos para desarrollar soluciones prácticas, y la validación social que asegura que el conocimiento generado sea relevante y útil para las comunidades a las que sirve. La difusión del conocimiento y la evaluación del impacto completan el ciclo, asegurando que las soluciones sean implementadas y su efectividad sea medida.
Sin embargo, al adoptar el modelo catalizador y integrar los dominios del conocimiento ascendente y descendente, pueden cerrar la brecha entre el discurso y la acción, logrando un cambio estructural que beneficie a la sociedad en su conjunto.



