En los últimos seis decenios el consumo global de pescado se ha duplicado, mientras que cerca de un tercio de las poblaciones pesqueras se encuentran en estado de sobrepesca. La acuicultura surgió como una solución aparente: criar peces en entornos controlados y reducir la presión sobre los recursos marinos. Sin embargo, una investigación conjunta de investigadores internacionales y el Outlaw Ocean Project muestra que el producto clave de estas granjas, la harina de pescado está reenlazando la industria con la captura masiva de especies silvestres.
Expansión de la acuicultura y su dependencia de harina de pescado
En 2022 más del 50 % de los alimentos acuáticos destinados al consumo humano provenía de granjas. Noruega, por ejemplo, ha erigido instalaciones capaces de albergar hasta 1,5 millones de salmones mientras que China ha puesto en marcha embarcaciones de acuicultura con tanques de 90 000 m³ de agua. En la práctica, la mayoría de los peces de cultivo, especialmente especies carnívoras como el salmón, la trucha o la lubina, se alimentan con piensos que incluyen harina y aceite elaborados a partir de peces capturados en libertad. Un solo salmón puede ingerir entre dos y seis veces su propio peso en materia prima procedente del mar.
Red global de producción: fábricas, flotas y especies sobreexplotadas
El mapeo realizado por el Outlaw Ocean Project identificó más de 1.400 fábricas de harina de pescado repartidas en 64 países conectadas a una flota de aproximadamente 2.400 barcos. Al menos la mitad de las especies desembarcadas por estos buques estaban catalogadas como sobreexplotadas o en una situación aún más crítica. Además, se localizaron 165 arrastreros de fondo embarcaciones que utilizan redes pesadas capaces de devastar hábitats marinos. La transparencia es escasa: menos del 30 % de las flotas publicaba su posición y menos de una cuarta parte contaba con un identificador único accesible.
Impacto en África occidental y la ruta migratoria hacia Canarias
Las costas de MauritaniaSenegal y Gambia son especialmente vulnerables. Grandes flotas capturan sardinas, sardinelas y otros peces pequeños que son la base alimentaria de millones de personas y la sustancia vital de las economías artesanales. La extracción masiva para la harina ha llevado a la reducción histórica de la sardinela redonda, profundizando la escasez. Parte de ese pescado termina transformado en piensos para salmones y gambas que se venden a miles de kilómetros de distancia.
La consecuencia directa se refleja en la migración forzada de pescadores africanos hacia las Islas Canarias. En septiembre de 2024, una embarcación con alrededor de cien migrantes se hundió en el Atlántico, dejando decenas de muertos. Cheikhou Omar un pescador de 21 años que sobrevivió aferrado a los restos de la nave, explicó: «Somos pescadores, pero aquí ya no quedan peces». Naciones Unidas ha señalado que la sobreexplotación pesquera es uno de los factores que ha contribuido a la pérdida de empleo y al desplazamiento de comunidades costeras en África occidental, donde la competencia de flotas industriales ha limitado las oportunidades de la pesca artesanal.
El ciclo de la harina de pescado concluye en los supermercados de Europa y Norteamérica. La investigación rastreó productos hasta cadenas como Walmart y Kroger, así como proveedores de comedores escolares y dependencias del Congreso de los EE. UU. Algunas empresas promocionan sus productos como sostenibles, pese a mantener vínculos con proveedores acusados de prácticas ambientales y laborales cuestionables. La industria afirma estar reduciendo la proporción de ingredientes marinos en los piensos, pero el crecimiento continuo de la acuicultura mantiene alta la demanda total de harina de pescado.
Si bien la acuicultura sigue siendo una fuente importante de alimentos y empleo, su impacto varía según la especie y el sistema productivo. Cultivos de mejillones, ostras y almejas pueden desarrollarse sin piensos de origen marino, y se están explorando alternativas basadas en algas, insectos y residuos de procesamiento pesquero. El verdadero reto consiste en disminuir la dependencia de capturas silvestres para alimentar a los animales de granja, sin trasladar los costos a otras comunidades o ecosistemas.



