Las relaciones entre España y Marruecos han alcanzado un punto de tensión sin precedentes. Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular ha adoptado una postura beligerante que ha generado un intenso debate sobre las posibles consecuencias para la diplomacia española.
En un contexto donde la crisis migratoria en Ceuta ha puesto a prueba la estabilidad de las relaciones bilaterales, Feijóo ha decidido no asistir a la Fiesta del Trono en Marruecos, una decisión que refleja la fractura en la comunicación entre ambos países.
La postura de Feijóo y sus implicaciones
Feijóo ha dejado claro que considera a Marruecos responsable de la crisis en Ceuta, tanto por acción como por omisión. Esta postura, que coincide con las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha sido interpretada por algunos como una estrategia para desgastar al gobierno de Pedro Sánchez.
Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es si Feijóo ha considerado las posibles repercusiones de sus palabras. Marruecos, con su capacidad para influir en los flujos migratorios, tiene una posición de fuerza en esta relación. Una escalada en las tensiones podría resultar en una crisis migratoria aún más grave, con consecuencias devastadoras para España.
El contexto histórico y las lecciones del pasado
Para entender la complejidad de esta situación, es crucial mirar hacia el pasado. Expresidentes como José María Aznar y Mariano Rajoy han enfrentado desafíos similares y saben que la diplomacia con Marruecos requiere un equilibrio delicado. Feijóo podría beneficiarse de sus experiencias para navegar estas aguas turbulentas.
La crisis de Ceuta no fue un evento aislado, sino parte de una guerra híbrida que involucra no solo la migración, sino también la política exterior. Feijóo ha tenido que ajustar su discurso gradualmente, pasando de culpar al gobierno español a señalar directamente a Marruecos como responsable.
Las consecuencias de una escalada
Si Feijóo logra convertirse en presidente del gobierno, sus palabras podrían tener consecuencias inmediatas. Marruecos podría responder abriendo aún más sus fronteras, lo que resultaría en un aumento masivo de la migración hacia España. Esta situación pondría a prueba no solo la capacidad de respuesta del gobierno español, sino también la solidaridad europea.
En un escenario así, las opciones son limitadas. ¿Mandar al ejército para contener la migración? ¿Disparar contra los migrantes? Estas son preguntas incómodas que Feijóo y su partido tendrán que responder si sus estrategias diplomáticas fracasan.
La diplomacia, en este caso, no es solo una cuestión de chulería sino de entender que Marruecos tiene la sartén por el mango. Feijóo y su partido deben considerar cuidadosamente sus palabras y acciones, porque las consecuencias podrían ser graves no solo para ellos, sino para toda España.



