Durante siglos la humanidad organizó sus actividades siguiendo el movimiento de la Tierra: un día era el tiempo que el planeta tardaba en girar una vez y la hora se ajustaba a la posición del Sol. Con la llegada de los relojes atómicos en la década de 1960, la medida del tiempo pasó a basarse en la vibración de los átomos, un método con una precisión de milisegundos por millones de años. Sin embargo, la rotación terrestre no es constante; pequeñas variaciones hacen que el tiempo astronómico se aleje lentamente del tiempo medido por los relojes atómicos.
Para evitar una divergencia perceptible entre ambos sistemas, desde 1972 se introdujo el mecanismo del segundo intercalar que consiste en añadir (o, en teoría, restar) un segundo al Tiempo Universal Coordinado (UTC) cada pocos años. Hasta la fecha se han sumado 27 segundos, el último el 31 de diciembre de 2016. Cada inserción requiere que los sistemas informáticos, de telecomunicación y de navegación interpreten correctamente el minuto de 61 segundos, algo que ha provocado interrupciones en servicios como Reddit o Cloudflare.
Historia del segundo intercalar y sus limitaciones
El acuerdo que creó el segundo intercalar surgió cuando la diferencia entre la rotación terrestre y los relojes atómicos alcanzó los 0,9 segundos. La Convención del Metro estableció entonces un límite máximo de diferencia y el procedimiento para añadir un segundo bisiesto. Desde entonces, los 27 ajustes acumulados han mantenido la diferencia bajo ese umbral, pero cada inserción implica una operación delicada para cientos de miles de sistemas que dependen de una sincronización exacta.
El problema no radica solo en la complejidad técnica; también existe una incertidumbre creciente. Estudios del Comité Consultivo de Tiempo y Frecuencia (CCTF) estiman una probabilidad del 30 % de que, en la próxima década, sea necesario eliminar un segundo en lugar de añadirlo, algo nunca antes realizado. Un «segundo negativo» podría desestabilizar softwares que nunca fueron diseñados para un minuto de 59 segundos, generando fallos similares al temido «efecto 2000».
Decisión de la Conferencia General de Pesas y Medidas
En la 28ª Conferencia General de Pesas y Medidas, celebrada en Versalles, los representantes de los Estados miembros votaron –con única oposición de Rusia– a favor de eliminar el mecanismo de los segundos intercalados. La resolución adelanta la eliminación prevista inicialmente para 2035 y la establece para el 20 de mayo de 2027, citando los riesgos crecientes para los sistemas de sincronización horaria y la rápida evolución tecnológica.
El nuevo marco permitirá que el UTC sea una escala continua, sin inserciones ni supresiones de segundos, ampliando la diferencia tolerable entre el tiempo atómico y el tiempo determinado por la rotación terrestre hasta una hora (3 600 segundos). Dado que la velocidad media de la Tierra solo varía ligeramente, esa brecha tardará varios siglos en alcanzarse, garantizando así la estabilidad del horario oficial durante mucho tiempo.
Implicaciones para la tecnología y la ciencia
Para la mayoría de los usuarios, el cambio pasará desapercibido: los relojes de pared y los smartphones seguirán marcando la misma hora. Sin embargo, sectores como la astronomía la navegación por satélite y las infraestructuras críticas (redes eléctricas, bancarias, de telecomunicaciones) deberán adaptar sus algoritmos de corrección. En lugar de depender de los segundos bisiestos, emplearán modelos predictivos que consideren la diferencia creciente entre UT1 y UTC, consultando los servicios internacionales de rotación terrestre de forma periódica.
El UTC seguirá basado en los relojes atómicos pero la relación con el tiempo solar se permitirá que se aleje gradualmente, manteniendo la precisión sin interrupciones operativas.



