El pasado 24 de octubre, la dana conocida como Adam cobró la vida de seis personas y dejó a cientos de afectados. Greenpeace vinculó este episodio con el cambio climático, señalando que el calentamiento global intensifica la frecuencia y severidad de fenómenos extremos. José Luis García Ortega, responsable del Área de Clima, Energía y Movilidad de la organización, declaró que estamos presenciando «la punta del iceberg» de una tendencia que solo empeorará si no se atacan las causas subyacentes.
La dana Adam como evidencia de un clima en aceleración
Según los datos recopilados, la dana Adam provocó inundaciones en varias localidades, desplazó a familias y causó interrupciones en servicios esenciales. Este evento se inscribe dentro de una serie de incidentes recientes – olas de calor, incendios forestales y sequías – que, según la comunidad científica, se hacen más probables cuando la temperatura media global supera el umbral de 1,5 °C. Greenpeace subraya que la acumulación de eventos extremos no es aleatoria, sino una manifestación directa del calentamiento planetario impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Informe del PNUMA: ¿cuánto más podemos permitirnos subir?
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó recientemente el informe *Limitar el sobrepaso*, que muestra que la media anual de la Tierra ya superó los 1,5 °C respecto a niveles preindustriales en 2024, aunque todavía no de forma sostenida. El estudio advierte que, si los compromisos actuales se cumplen al máximo, la temperatura podría llegar a 1,8 °C, y cualquier fracción adicional aumentará los riesgos para la salud, el agua, la seguridad alimentaria y la biodiversidad. Entre sus proyecciones, se estima una reducción de hasta el 14 % en la producción mundial de alimentos para 2050 si no se implementan medidas de mitigación y adaptación eficaces.
Matías Arrigazi, especialista en biodiversidad de Greenpeace Argentina, enfatizó que “reducir emisiones y proteger ecosistemas como bosques, glaciares y humedales son acciones complementarias; la adaptación no sustituye la mitigación”. En Córdoba y otras regiones argentinas, comunidades como Sierras Chicas, Unquillo y Río Ceballos ya experimentan inundaciones que dificultan el acceso a agua limpia y a medios de vida sostenibles.
Respuestas empresariales: el modelo de resiliencia de Veolia en España
Frente a la presión climática, la compañía global Veolia ha puesto en marcha proyectos que buscan una infraestructura resiliente. En territorio español, la firma gestiona más de 18 000 profesionales y se centra en transformar depuradoras en ecofactorías, instalaciones que reciclan agua, convierten residuos en fertilizantes y generan energía renovable mediante biomasa y fotovoltaica. Estas ecofactorías, como la de Gavà-Viladecans, suministran agua regenerada para riego y preservan entornos naturales como el delta del Llobregat.
Otro ejemplo es la ecofactoría de Palencia, que combina cogeneración y paneles solares para lograr autosuficiencia energ ética y garantizar la calidad del vertido. Veolia también lidera la cadena completa de biomasa en España, utilizando restos forestales y podas urbanas para producir energía y reducir el riesgo de incendios forestales. Además, la geotermia, una fuente constante de calor subterráneo, ha permitido evitar la emisión de más de 800 toneladas de CO₂ al año, equivalentes a la captura de 42 000 árboles.
Estos esfuerzos demuestran que la transición hacia una economía circular y baja en carbono es viable cuando se integran tecnologías de reutilización, digitalización avanzada y participación de las comunidades locales. La combinación de reducción de gases, protección de ecosistemas y desarrollo de infraestructuras resilientes constituye, según Greenpeace, la única vía para evitar que eventos como la dana Adam se conviertan en la norma.



