El Mundial de Fútbol 2026 está dejando una huella imborrable, no solo en la historia del deporte, sino también en el medio ambiente. Con España avanzando a la final, el torneo ha sido marcado por olas de calor sin precedentes, convirtiendo al cambio climático en un jugador más en el campo.
El calor extremo como protagonista
El calor extremo ha sido un factor determinante en este Mundial. Más de 2.100 muertes en España durante el torneo son un recordatorio sombrío de los efectos del estrés térmico. Este fenómeno ha alterado las rutinas diarias y ha tenido un impacto significativo en la salud, especialmente en la infancia y en las personas mayores.
El torneo ha registrado el doble de partidos jugados en condiciones de temperatura extrema en comparación con el Mundial de 1994. Un estudio de atribución al cambio climático ha estimado que el calor es el doble de peligroso en este 2026, con más de un cuarto de los partidos jugándose bajo condiciones de calor extremo.
Adaptaciones y controversias
Por primera vez en la historia, el Mundial ha implementado pausas de hidratación obligatorias en todos los partidos. Esta medida, aunque necesaria, ha sido controvertida entre los aficionados, quienes la ven como una alteración de la dinámica habitual del juego. Además, la FIFA ha tenido que reprogramar horarios y cambiar sedes debido al calor extremo.
El torneo también ha sido criticado por celebrarse en países extractivistas y exportadores de combustibles fósiles como Estados UnidosCanadá y México. Estos países son responsables de una parte significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que contradice los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático.
Emisiones y patrocinadores
El Mundial 2026 ha generado aproximadamente 9 millones de toneladas de CO2 casi el doble de la media histórica de los Mundiales. Este aumento se debe en parte a los desplazamientos más largos y al mayor número de selecciones y partidos. Además, muchos de los patrocinadores del torneo son empresas entre las más contaminantes del mundo, como la petrolera estatal de Arabia SaudíAramco.
Un estudio de la Universidad de Cambridge señala que organizar un campeonato mundial cada vez se parece más a gestionar un ejercicio de adaptación climática. El cambio climático está afectando no solo a los jugadores y espectadores, sino también a la economía del evento. Los costes adicionales derivados de las medidas de seguridad y refrigeración podrían repercutir en el precio de las entradas, haciendo que el torneo sea menos accesible para muchos aficionados.
La final del Mundial entre España y Argentina programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium se realizará en un contexto climático alarmante. La ONU ha advertido sobre las altas posibilidades de temperaturas extremas que podrían amenazar la salud de los jugadores y espectadores. Este panorama refleja un problema que ha marcado el torneo desde sus inicios.



