El Mundial de Fútbol 2026, que se está celebrando en Estados Unidos, México y Canadá, está dejando una huella ambiental sin precedentes. Más allá de los jets privados utilizados por figuras como Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, el torneo enfrenta un desafío logístico y climático monumental.
Con 48 selecciones participantes, 104 partidos y 16 ciudades sede, el evento se ha convertido en una pesadilla logística desde el punto de vista ambiental. Las distancias entre estadios, como Vancouver, Miami y Ciudad de México, obligan a los aficionados y equipos a utilizar principalmente el avión, lo que incrementa significativamente las emisiones de CO₂.
Emisiones récord y transporte aéreo
Un informe de Scientists for Global Responsibility, Environmental Defense Fund y New Weather Institute estima que el Mundial podría generar al menos 9,02 millones de toneladas de CO₂ equivalente, casi el doble del promedio de los cuatro Mundiales celebrados entre 2010 y 2026. Para ponerlo en perspectiva, esta cantidad equivale a las emisiones anuales de dos millones de coches estadounidenses.
Aunque el torneo no ha requerido la construcción de nuevos estadios, el ahorro ambiental se ve anulado por el transporte. La aviación podría generar alrededor de 7,72 millones de toneladas de CO₂ equivalente, aproximadamente el 85% de la huella estimada del Mundial.
El jet privado de Infantino
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha sido un símbolo de esta contradicción. Durante la fase de grupos, asistió a 24 partidos en poco más de dos semanas, realizando al menos 27 vuelos y recorriendo más de 50.000 kilómetros. Estos viajes habrían generado aproximadamente 516 toneladas de CO₂ equivalente, más de lo que probablemente emitirá una persona media durante toda su vida.
Promesas incumplidas y patrocinios controvertidos
En 2026, durante la COP26 de Glasgow, la FIFA presentó una estrategia climática con la que prometía reducir a la mitad sus emisiones organizativas para 2030 y alcanzar las cero emisiones netas en 2040. Sin embargo, un informe titulado FIFA’s Climate Blind Spot concluye que, de las 18 acciones climáticas anunciadas, solo dos se habían completado, otras dos mostraban avances limitados y en 14 no existían progresos visibles.
La paradoja es evidente: la FIFA asegura que reducirá sus emisiones mientras amplía el Mundial de 32 a 48 selecciones y aumenta el número de partidos de 64 a 104. Además, Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudí y la mayor compañía petrolera del mundo, es uno de los grandes socios de la FIFA hasta 2027, lo que añade otra capa de contradicción al evento.
Riesgos climáticos en los estadios
El Mundial no solo contribuye al calentamiento global, sino que también está sufriendo sus consecuencias. El informe FIFA’s Climate Blind Spot identifica riesgos climáticos relevantes en los 16 estadios. La mitad necesita intervenciones ambientales inmediatas o prioritarias y seis están expuestos a niveles extremos de estrés térmico.
Ciudades como Houston y Dallas presentan algunos de los escenarios más preocupantes. Las condiciones de temperatura y humedad pueden alcanzar niveles peligrosos para la práctica deportiva intensa, obligando a introducir pausas de hidratación y una mayor vigilancia médica. También existen riesgos de inundaciones en Miami, incendios y mala calidad del aire en California, huracanes en la costa atlántica y episodios de tormentas severas en zonas del interior.
El fútbol no está fuera de la crisis climática. Los jugadores compiten bajo temperaturas más peligrosas, los aficionados soportan largas exposiciones al calor y los clubes pequeños ven cómo inundaciones, sequías o incendios dañan campos e instalaciones.
Ante todo esto, suele aparecer una frase recurrente: «El presidente de la FIFA va en jet privado y tú bebiendo por una pajita de cartón». La frustración que expresa es comprensible, pero la conclusión no puede ser que, como existe una élite a la que le da igual el planeta, al resto también nos tenga que dar igual.



