En el corazón de Extremadura dos historias convergen para dibujar una visión del porvenir que combina tradición artesanal y debate político. Por un lado, los hermanos Pérez Vinagre, desde su taller en Mérida han demostrado que la artesanía puede ser motor de emprendimiento aun cuando parte de cero. Por otro, el sociólogo Ignacio Urquizu reflexiona sobre la llamada crisis del viejo futuro que surgió tras el movimiento generación 15-M señalando los retos que enfrenta la juventud en una era de incertidumbre.
Ambas narrativas comparten una premisa: el futuro ya no se construye exclusivamente en centros urbanos o con grandes recursos financieros, sino que se gesta en pequeños enclaves que saben combinar herencia cultural con tecnología y pensamiento crítico. El siguiente recorrido examina, primero, el caso concreto de Terracota Mérida y después la reflexión de Urquizu sobre la transformación del discurso político español.
Terracota Mérida: de la alfarería tradicional a la marca global
Juanma y Lorenzo Pérez Vinagre, nacidos en Salvatierra de los Barros fundaron Terracota Mérida sin contar con ninguna inversión inicial. Su estrategia se apoyó en la recuperación de técnicas de alfarería ancestrales, combinándolas con diseño contemporáneo y herramientas de fabricación asistida por ordenador. Así, productos que antes se consideraban meros utensilios domésticos pasaron a ser objetos de diseño con presencia en ferias internacionales.
El modelo de negocio se sustentó en tres pilares: capacitación de jóvenes artesanos locales, digitalización de la cadena productiva y una visión empresarial orientada a la exportación. En menos de cinco años, la empresa logró abrir su primera tienda física en la capital extremeña y exportar a más de veinte países, demostrando que la innovación rural es una vía viable para la creación de empleo en zonas tradicionalmente agrícolas.
Este caso también subraya la importancia de los fondos europeos y la colaboración con instituciones académicas, que proporcionaron formación en diseño industrial y acceso a maquinaria de última generación. La historia de Terracota Mérida se ha convertido en referente para otras iniciativas emprendedoras que buscan reconciliar el patrimonio cultural con la economía del conocimiento.
Generación 15-M y la crisis del viejo futuro: una mirada sociológica
Ignacio Urquizu, profesor de Sociología, ha dedicado sus últimos trabajos a descifrar la crisis del viejo futuro concepto que retoma la crítica de Bruno Latour a los modelos temporales lineales del siglo XX. Según Urquizu, la ilusión de un progreso continuo –centrado en el liberalismo, la teleología marxista y la socialdemocracia – ha colapsado, dejando a la sociedad sin una escalera clara hacia la prosperidad.
El movimiento 15-M que emergió en 2011, representó una ruptura con esa narrativa. Aunque sus demandas fueron diversas –desde la oposición a la austeridad hasta la reivindicación de derechos sociales–, el movimiento abrió una brecha de conciencia crítica que cuestionó la idea de que el futuro está garantizado por instituciones establecidas. Urquizu sostiene que, pese a su energía, el 15-M no logró consolidar una alternativa política sostenible y, en parte, facilitó la aparición de discursos más conservadores.
Desde su perspectiva socialdemócrata la tarea actual es reinterpretar el tiempo político y diseñar nuevos marcos que reconozcan los límites ecológicos, la precariedad del trabajo y la emergencia de movimientos feministas y queer. Para Urquizu, la solución pasa por un diálogo intergeneracional que tome en cuenta tanto la experiencia del 15-M como la necesidad de innovar en políticas públicas que respondan a la incertidumbre del siglo XXI.
Uno muestra que la creatividad artesanal y la tecnología pueden impulsar el desarrollo regional, mientras que el otro advierte que los modelos temporales tradicionales deben ser replanteados para evitar una crisis de expectativas entre los jóvenes.



