En la última década los indicadores de salud vinculados al cambio climático han mostrado una aceleración alarmante, según el informe anual Lancet Countdown. Enfermedades respiratorias, olas de calor mortales y la expansión de vectores de transmisión son solo algunos de los efectos que ya superan los límites de los sistemas sanitarios tradicionales. Frente a esta realidad, una encuesta reciente plantea la pregunta: ¿debería considerarse una emergencia sanitaria mundial?
La propuesta ha generado un intenso debate entre lectores y especialistas. Mientras algunos sostienen que la clasificación permitiría movilizar recursos y políticas de manera más eficaz, otros advierten sobre la necesidad de datos claros y una coordinación internacional que evite la dispersión de esfuerzos.
Clima y salud: la evidencia que respalda la declaración de emergencia
El estudio de Lancet Countdown destaca que, en los últimos diez años, la carga de morbilidad atribuida al clima ha aumentado un 30 % a nivel global. Eventos extremos como inundaciones y sequías prolongadas se traducen en brotes de enfermedades transmitidas por el agua y la pérdida de infraestructuras sanitarias. Además, la creciente frecuencia de olas de calor está vinculada a un incremento del 15 % en mortalidad cardiovascular en poblaciones vulnerables.
Ante este panorama, la encuesta impulsada por un medio digital de Barcelona invita a la ciudadanía a expresar su opinión y a aportar comentarios vía correo electrónico. La participación masiva refleja la preocupación popular y la urgencia de transformar los datos científicos en acciones concretas.
Desinformación climática y el desgaste de los defensores de la verdad
Yaisa Córdoba, investigadora en Derecho Ambiental y profesora del máster de la UNIR, señaló que el mayor obstáculo actual es el bulo que niega la existencia del cambio climático. Según sus declaraciones, la necesidad de desmentir esta falsedad agota recursos que podrían destinarse a la adaptación de ciudades y comunidades.
Córdoba insiste en que la evidencia es inequívoca: lluvias más intensas, veranos más calurosos y patrones climáticos que ya no se corresponden con los diseños urbanos tradicionales. Las urbes, construidas bajo supuestos de precipitaciones históricas, se encuentran vulnerables frente a eventos que superan su capacidad de drenaje, como la reciente dana que azotó Valencia.
Coordinación institucional como clave de respuesta
La académica subraya que, a pesar de contar con normativas europeas suficientemente robustas, la falta de coordinación entre entes públicos limita su aplicación efectiva. Señala que la población necesita una sensibilización continua, iniciada en la infancia, para reducir el miedo y fortalecer la resiliencia individual.
En su visión, la solución pasa por una cooperación permanente entre administraciones, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil, garantizando que los planes de gestión de cuencas y la limpieza de cauces sean conocidos y ejecutados antes de que se produzcan desbordes.
Inteligencia artificial supera al clima como riesgo emergente
El informe Axa Future Risks Report 2026, elaborado con Ipsos, sitúa a la inteligencia artificial (IA) y al big data como el principal riesgo emergente, desplazando al cambio climático por primera vez. Un 54 % de los expertos percibe a la IA como una amenaza que evoluciona rápidamente, y solo el 9 % confía en la capacidad de los gobiernos para gestionarla, cifra que baja al 3 % en Europa.
Para la ciudadanía, la IA representa la segunda preocupación más alta (48 % de los encuestados), superando a la contaminación tradicional. Los temores se concentran en aspectos éticos como el uso indebido de datos, sesgos algorítmicos y la pérdida de control sobre decisiones automatizadas, así como en su impacto en el mercado laboral y la falta de transparencia.
Aunque el clima sigue siendo la segunda inquietud para los expertos y la principal para la población general – con un 76 % de la gente sintiéndose vulnerable ante tormentas, sequías e incendios – la aparición de la IA como prioridad demuestra un cambio en la percepción de riesgos a escala global.
El estudio también destaca que la inestabilidad geopolítica mantiene su posición entre los principales riesgos, mientras que los ciberataques y los retos energéticos vuelven a escalar en la lista de preocupaciones. En conjunto, estos hallazgos sugieren que la agenda de riesgos futuros está cada vez más interconectada, exigiendo respuestas integrales que aborden tanto el clima como la revolución tecnológica.



