En el complejo mundo empresarial, encontrar el equilibrio entre propósito y rentabilidad es un desafío constante. Juan Roig, presidente de Mercadona ha compartido su perspectiva única sobre este tema, comparando las necesidades básicas de las personas con las de las empresas. Según Roig, aunque los beneficios no deben ser el único objetivo de una compañía, son esenciales para garantizar su supervivencia.
La filosofía de Roig se centra en tres pilares fundamentales: el fin social la necesidad del beneficio y el equilibrio. Las empresas deben aportar valor a la sociedad, crear empleo y cuidar su entorno, no solo acumular dinero. Sin embargo, los beneficios son indispensables para sostener y hacer crecer una compañía. Este equilibrio es vital, pero no debe ser el fin último.
El propósito como brújula empresarial
Para Juan Roig, una empresa no es solo una máquina de generar dinero. Está formada por trabajadores, clientes y una comunidad que depende de su éxito. El propósito de una empresa debe ser crear un entorno donde las personas puedan crecer y sentirse parte de algo significativo. Además, el cliente debe ser la razón de ser de la compañía, y para ello, hay que ofrecer productos y servicios que valgan la pena.
Sin embargo, tener un propósito y sobrevivir no son lo mismo. Una empresa necesita beneficios para mantenerse a flote, pero un propósito claro para saber hacia dónde dirigir sus esfuerzos. Los beneficios no deben destinarse únicamente a repartirse entre accionistas, sino a invertir en tecnología, trabajadores, formación, innovación o expansión. Roig advierte sobre la peligrosa búsqueda de resultados a corto plazo, que puede comprometer el futuro de la empresa.
La tecnología y los nuevos hábitos de consumo
En otro ámbito, Juan Roig ha reflexionado sobre el auge de la comida preparada y cómo la tecnología está transformando los hábitos de consumo. Según Roig, si nuestras tatarabuelas hubieran tenido acceso a la tecnología actual, probablemente no habrían pasado tanto tiempo cocinando. La tecnología permite procesos industriales de conservación, logística en frío y cocinas automatizadas, lo que facilita la elaboración de platos con la misma frescura que en el hogar, pero ahorrando tiempo al consumidor.
Roig destaca que la dedicación histórica a la cocina doméstica no respondía a un deseo de pasar horas entre fogones, sino a la falta de alternativas eficientes y accesibles. Gracias a la tecnología actual, los consumidores pueden delegar la tarea de cocinar en servicios fiables, lo que les permite ahorrar tiempo y priorizar otras actividades. Este cambio en los hábitos de consumo es un reflejo de cómo la tecnología está redefiniendo nuestras vidas.
La gestión de la riqueza y su impacto social
A sus 76 años, Juan Roig sigue defendiendo la importancia de generar riqueza y gestionarla adecuadamente. Según Roig, una buena administración puede hacer que esa riqueza alcance a todos, mientras que una mala gestión puede terminar provocando enfrentamientos. Las políticas que buscan repartir el dinero sin proteger los mecanismos que permiten crearlo son ineficientes e inútiles.
Roig critica la burocracia y los gestos innecesarios que priorizan sobre la inversión productiva. Sugiere que la tensión social no surge por la existencia de empresarios, sino por el fracaso administrativo de los gestores públicos. Los ciudadanos deben exigir una buena gestión para que el beneficio sea mayor para todos. Si las instituciones son capaces de administrar los recursos con los criterios correctos, el beneficio económico se multiplica, dejando que toda la sociedad avance en esta materia.



