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24 septiembre 2026

Claves para evitar malentendidos cuando compartes lengua

Entender y ser entendido va más allá de hablar, descubre los obstáculos y soluciones propuestas por tres expertos.

Claves para evitar malentendidos cuando compartes lengua

En la cotidianidad, muchos suponemos que el hecho de utilizar la misma lengua implica entendernos perfectamente. Sin embargo, el lenguaje es una herramienta imperfecta que con frecuencia genera malentendidos porque cada palabra lleva consigo una carga de historia personal, emociones y expectativas diferentes.

Esta dinámica se vuelve especialmente visible en la pareja, en el trabajo o en cualquier interacción social donde la comunicación se convierte en el puente que sostiene relaciones. A continuación, tres especialistas analizan distintos ángulos del problema y proponen pautas para reducir la brecha entre lo que se dice y lo que se percibe.

El mito del idioma compartido según Gabriel Rolón

El psicoanalista Gabriel Rolón señala que la mayor fuente de confusión proviene de la ilusión de que hablar el mismo idioma equivale a comprenderse por completo. Ilustra su argumento con un caso sencillo: un hombre le confiesa a su pareja “eres una de las mejores personas que conocí”. La mujer, lejos de sentirse halagada, responde con sarcasmo, preguntando cuántas más conoce él. El mensaje, aunque verbalmente claro, se fracture en el espacio emocional que separa a los interlocutores.

Rolón explica que las palabras son solo la superficie bajo ellas se ocultan miedos, defensas y deseos inconscientes que pueden cambiar radicalmente la interpretación. Cuando alguien dice “escúchame bien”, está pasando de la mera transmisión de datos a asumir la responsabilidad de que esa frase tenga peso y represente una verdad personal. Ese tipo de «palabra plena» es escaso, pero esencial para construir vínculos auténticos.

El ritmo de la conversación: la fórmula de Vanessa Van Edwards

La profesora de Harvard Vanessa Van Edwards, especialista en comportamiento humano, estudia la dimensión temporal del intercambio verbal. Según sus investigaciones, cada participante debería hablar entre 15 y 30 segundos antes de ceder la palabra. Superar los 45 segundos tiende a convertirse en un monólogo, mientras que menos de 15 segundos puede crear una «escasez conversacional» que deja poco espacio a preguntas o aportes.

En entornos laborales, esta dinámica se vuelve crítica: una encuesta de Preply reveló que el 95 % de los encuestados ha trabajado con alguien que monopoliza la conversación, y el 71 % afirma que esa actitud obstaculiza su productividad. Van Edwards aconseja observar señales no verbales, como la apertura de la boca sin hablar, que indica que otro quiere intervenir. Responder a esas pistas ayuda a equilibrar el flujo y a evitar que la conversación se desvíe hacia un discurso unidireccional.

Además, la experta advierte que la proliferación de notas de voz extensas —a veces de nueve minutos— constituye un «monólogo digital». Estos mensajes carecen del ida y vuelta propio de una charla cara a cara y pueden deteriorar la capacidad de escucha activa, especialmente cuando la gente pasa más tiempo interactuando con dispositivos que con otras personas.

Vulnerabilidad y expresión emocional: la visión de Farid Dieck

El psicólogo Farid Dieck aborda la dificultad de hablar de sentimientos dolorosos, una barrera que persiste particularmente entre los hombres. Él afirma que expresar tristeza, miedo o frustración suele percibirse como una señal de debilidad, lo que lleva a muchos a ocultar sus emociones bajo la máscara de control.

Dieck destaca que el verdadero obstáculo no es solo el juicio externo, sino la resistencia interna a volver la mirada hacia el propio dolor. Revisitar una experiencia desagradable implica reexperimentar el malestar lo cual resulta incómodo pero necesario para romper patrones de evasión. Reconocer la presencia de una emoción y decidir hablar de ella representa el primer paso hacia la transformación personal.

Contrariamente a la creencia popular, la vulnerabilidad no es sinónimo de fragilidad; al contrario, Dieck la describe como un acto de fortaleza. Quien se atreve a expresar su sufrimiento muestra una capacidad mayor que quien prefiere fingir que todo está bien. La terapia, según él, no es exclusiva de crisis extremas; puede servir como espacio para aprender a nombrar emociones, desarrollar herramientas de gestión y profundizar el autoconocimiento.

En conjunto, los tres expertos coinciden en que la comunicación eficaz requiere responsabilidad tanto al hablar como al escuchar. Reconocer que cada interlocutor interpreta desde su propio bagaje, respetar los límites de tiempo y permitir la expresión honesta de emociones son pilares para reducir los malentendidos y fomentar relaciones más saludables.

Autore

Carmen Ruiz

Carmen Ruiz traduce el último informe del IPCC en preguntas que importan a la Gen-Z: qué cambia en mi factura, mi trabajo, mi ciudad. Reportaje serio sin alarmismo.