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13 octubre 2026

IA y energía: impactos reales y potenciales para el planeta

La IA consume energía, pero también ofrece herramientas para combatir el cambio climático; conoce los últimos estudios.

IA y energía: impactos reales y potenciales para el planeta

En los últimos años, la inteligencia artificial ha pasado de ser una curiosidad académica a una fuerza que impulsa sectores tan diversos como la medicina, la logística y la energía. Este salto ha despertado una preocupación legítima: ¿cuánta electricidad necesita entrenar y operar modelos cada vez más complejos? La respuesta, basada en estudios recientes, revela que ciertos sistemas pueden alcanzar consumos comparables a los de ciudades medianas, lo que plantea interrogantes sobre su huella de carbono.

Sin embargo, la historia no se reduce al número bruto de vatios consumidos. La inteligencia artificial también se está convirtiendo en una herramienta esencial para modelar fenómenos climáticos, optimizar redes eléctricas y predecir desastres naturales. En este artículo, evaluaremos los datos de consumo y exploraremos los casos de uso que podrían transformar la lucha contra el cambio climático.

Perfil energético de los modelos de IA actuales

Los centros de datos dedicados al entrenamiento de grandes modelos de lenguaje y visión consumen, según estimaciones, entre 200 y 300 megavatios hora (MWh) por año, una cifra equiparable al consumo anual de una pequeña ciudad. Este nivel energético se debe, principalmente, a la proliferación de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y tensor processing units (TPU) que despliegan cientos de miles de cores simultáneamente. Además, el enfriamiento de estos equipos representa hasta un 40% del gasto total, lo que multiplica la demanda de energía eléctrica.

Los estudios más recientes indican que la mayor parte de la energía proviene de fuentes mixtas, pero la proporción de renovables varía notablemente según la ubicación del centro de datos. En regiones con alta penetración de energía solar o eólica, el impacto neto en emisiones de CO₂ puede reducirse hasta un 30 %. No obstante, en zonas dependientes de combustibles fósiles, la huella de carbono de la IA sigue siendo significativa.

Aplicaciones de la IA para mitigar el cambio climático

Por otro lado, la IA está revolucionando la forma en que los científicos estudian el clima. Algoritmos de aprendizaje profundo permiten procesar petabytes de datos satelitales en tiempo real, generando predicciones climáticas más precisas y a mayor escala. Estas predicciones son esenciales para anticipar eventos extremos, como huracanes o sequías, y para planificar respuestas de emergencia.

En el sector energético, la IA optimiza la distribución de energía renovable mediante técnicas de optimización que equilibran la oferta y la demanda en segundos. Sistemas de gestión inteligente pueden, por ejemplo, dirigir la carga de vehículos eléctricos a momentos de exceso de energía solar, reduciendo la necesidad de respaldo de fuentes contaminantes. Asimismo, la IA ayuda a identificar fugas en redes de gas y a diseñar edificios con menor consumo energético, contribuyendo a una reducción sustancial de emisiones.

Balance entre costes energéticos y beneficios climáticos

El dilema central radica en comparar el consumo energético de la IA con los beneficios ambientales que genera. Si bien entrenar un modelo gigante puede requerir cientos de MWh, su aplicación para optimizar una red eléctrica puede ahorrar miles de MWh al año, superando con creces la inversión inicial. Asimismo, la capacidad de detectar incendios forestales en sus primeras etapas puede salvar ecosistemas enteros y reducir la emisión de gases de efecto invernadero asociada a la quema de biomasa.

Los analistas coinciden en que la clave está en mejorar la eficiencia de los algoritmos y en ubicar los centros de datos en regiones con alta disponibilidad de energía limpia. Iniciativas como la reutilización de calor residual para calefacción urbana o el desarrollo de chips especializados de bajo consumo son pasos concretos para equilibrar la balanza.

Autore

Javier Ortega

Javier Ortega, bilbaíno de 58 años con estilo casual, rememora haber seguido la larga huelga industrial en la ría de Nervión y entrevistar a trabajadores en astilleros. Sostiene un periodismo que visibiliza a quienes quedan fuera del poder; guarda archivos fotográficos de la transformación industrial de Euskadi.