El informe Global Energy Review 2026 de la AIE describe 2026 como un año en el que las renovables, encabezadas por la energía solar, se situaron al frente del aumento de la demanda eléctrica mundial. Esta transformación refleja una transición más profunda hacia un modelo centrado en la electricidad como vector económico, impulsada por una expansión extraordinaria de la fotovoltaica en países como China e India. Para entender el alcance del cambio es necesario separar el crecimiento total de la economía del comportamiento específico del sector eléctrico.
En términos absolutos, la demanda energética global creció un 1,3% en 2026, mientras que la electricidad lo hizo cerca del 3%, según la AIE. La fotovoltaica aportó un aumento récord de 600 TWh, situando su producción cerca de 2.700 TWh y representando aproximadamente un 8% del mix eléctrico global. Esa expansión de la solar cubrió más del 27% del crecimiento total de la demanda energética y aproximadamente el 70% del aumento de la demanda eléctrica, desplazando al gas como primer motor del crecimiento.
Factores que explican el cambio
Detrás de la aceleración de las renovables confluyeron factores tecnológicos, económicos y de política pública. La caída sostenida de costes, las cadenas de suministro maduras y marcos regulatorios favorables facilitaron el despliegue masivo de proyectos solares. Además, la electrificación del transporte y la digitalización —con centros de datos creciendo como consumidores intensivos de energía— aumentaron la demanda eléctrica de manera estructural. Todo esto coincidió con la incorporación de mayor capacidad de almacenamiento en baterías y un incremento modesto pero histórico de la nuclear, que junto con las renovables cubrieron la mayor parte del crecimiento.
Expansión de la fotovoltaica
La fotovoltaica registró un alza sin precedentes en áreas clave. La capacidad renovable instalada alcanzó un récord aproximado de 800 GW en 2026, de los cuales cerca del 75% correspondieron a paneles solares. Regiones como Estados Unidos, India, Oriente Medio y, sobre todo, China presentaron subidas superiores al 20% en generación solar anual. Este impulso no solo aumentó la producción eléctrica limpia, sino que también redujo el consumo de carbón en varias economías y fortaleció la viabilidad económica de proyectos de almacenamiento y flexibilidad, esenciales para integrar más renovables.
Electrificación del transporte y demanda concentrada
La movilidad eléctrica fue un motor determinante: en 2026 uno de cada cuatro coches vendidos fue eléctrico, lo que supone ventas por encima de los 20 millones de unidades y una presión sostenida sobre la demanda eléctrica. Al mismo tiempo, sectores como los centros de datos incrementaron su consumo, al tiempo que las bombas de calor y otras tecnologías eléctricas sustituyeron parte del consumo de combustibles fósiles. El resultado fue una mayor intensidad eléctrica en el crecimiento económico, favoreciendo a las tecnologías de baja emisión.
Impactos, emisiones y retos pendientes
A pesar del avance limpio, las emisiones globales alcanzaron niveles récord en 2026, superando los 38.000 millones de toneladas de CO₂, según compilaciones de datos recientes. No obstante, las fuentes de bajas emisiones (solar, eólica, hidráulica, nuclear y otras) representaron cerca del 60% del aumento de la demanda energética y evitaron la emisión de alrededor de 3.000 millones de toneladas de CO₂ al sustituir combustibles fósiles, según estimaciones del informe. Esta doble realidad —crecimiento de renovables y emisiones altas— subraya la urgencia de acelerar la descarbonización completa del sistema energético.
Perspectiva regional y próximos pasos
Asia lideró la transformación mediante despliegues masivos de renovables y expansión nuclear en algunos países, mientras que ciertos países mantienen dependencia de carbón por razones económicas. El desafío ahora es sostener y escalar la instalación de renovables, mejorar redes y almacenamiento, y garantizar que la electrificación vaya acompañada de políticas que reduzcan emisiones netas. El ritmo de 2026 marca un hito: la era de la electricidad avanza, pero su éxito climático dependerá de acelerar medidas para eliminar definitivamente la dependencia de los combustibles fósiles.

