Los datos más recientes muestran un cambio relevante en el mix eléctrico mundial: según el análisis de Ember recogido por CarbonBrief, la generación con energías renovables alcanzó el 33.8% del total, superando el 33% del carbón durante 2026. Este paso se confirma también en el Global Energy Review de la IEA, que destaca que el incremento absoluto de solar PV en 2026 fue el mayor jamás observado para una fuente concreta.
Estos números no son anecdóticos: representan una modificación estructural en cómo se produce y consume la electricidad.
Más allá del salto porcentual, el informe subraya que la nueva demanda eléctrica fue cubierta íntegramente por fuentes de baja emisión: las renovables y otras opciones de baja huella (incluyendo hidroeléctrica, bioenergía y nuclear) sumaron un récord del 42.6% sobre los 31,779 TWh consumidos en 2026. De los 849 TWh de crecimiento de la demanda ese año, la solar atendió el 75% y, junto con la eólica, cubrió el 99% del aumento total.
Qué cambió en el sistema eléctrico
El descenso del uso del carbón —una caída de 0.2 puntos porcentuales hasta el 33%— no fue un efecto colateral de una recesión o una pandemia, sino consecuencia directa del despliegue masivo de capacidad limpia. La solar experimentó un crecimiento interanual cercano al 30%, mientras que las baterías vieron su instalación aumentar un 46% tras fuertes caídas de precio: aproximadamente −20% en 2026 y −45% en 2026.
Ese avance en almacenamiento permitió que el sistema comenzara a transferir parte de la generación fotovoltaica de las horas de sol a otras franjas, logrando desplazar alrededor del 14% de la nueva producción solar fuera del mediodía.
Factores que impulsaron la transición
El protagonismo de la solar y el almacenamiento
La combinación de paneles solares y baterías está transformando la lógica operativa de las redes. Al facilitar lo que algunos llaman anytime solar —es decir, la posibilidad de consumir energía solar fuera de las horas de máxima irradiación— se reduce la dependencia de generación fósil para cubrir picos.
Además, la expansión no se limita a grandes plantas: dispositivos alimentados por energía solar, desde cámaras domésticas hasta pequeños electrodomésticos, contribuyen a sumar megavatios y a normalizar tecnologías limpias en la vida diaria.
Vehículos eléctricos como motor de demanda
Los vehículos eléctricos (VE) funcionaron como un factor estructural del crecimiento eléctrico: aportaron cerca del 8% del incremento de demanda en 2026, con un aumento de 66 TWh frente a 36 TWh en 2026. Las ventas de VE superan ya el 25% del mercado de automóviles en varios países, y regiones como Reino Unido han registrado crecimientos notables en meses recientes. A medida que suben los precios de los combustibles fósiles, la electrificación del transporte puede acelerar aún más esta tendencia.
Desafíos y riesgos que persisten
A pesar de los avances, la transición es incompleta y desigual. El sector fósil sigue siendo relevante y expertos advierten que la capacidad renovable debe probarse en condiciones extremas —no solo en promedios anuales— para garantizar la fiabilidad. Además, surgen amenazas nuevas: la demanda energética asociada a centros de datos impulsados por inteligencia artificial puede exigir grandes bloques de potencia. En respuesta, algunos gobiernos, como el estado de Maine en Estados Unidos, han introducido restricciones sobre la construcción de grandes centros de datos en determinadas zonas para gestionar impactos locales.
El debate técnico apunta a la necesidad de reforzar redes eléctricas, desplegar más baterías y mantener capacidades flexibles que aseguren suministro en picos térmicos o fríos. Instituciones como la IEA y think tanks especializados advierten que, aunque las renovables cubrieron toda la nueva demanda en 2026, alcanzar objetivos climáticos ambiciosos todavía exige reducciones más rápidas del uso de combustibles fósiles.
Reflexión final
Las cifras lo dicen con claridad: en 2026 las emisiones por kWh promedio bajaron a 458 gCO2e desde 543 gCO2e una década antes, y la IEA proyecta una nueva caída hacia ~400 gCO2e. Ember considera que la cuota de los fósiles podría reducirse entre un 10% y 20% para 2035, un movimiento relevante aunque insuficiente para garantizar el límite de 1.5 °C sin esfuerzos adicionales. Asimismo, el mundo emitió 38.4 mil millones de toneladas de CO2 en 2026, y sin el impulso de solar y eólica esa cifra habría sido aproximadamente 4 mil millones de toneladas superior. El mensaje es claro: la transición avanza y suma logros, pero exige una hoja de ruta tecnológica, regulatoria y de inversión coordinada para convertir el momento en tendencia irreversible.

