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5 octubre 2026

Cómo los fondos 60/40 combinan rentabilidad y sostenibilidad

Una visión integral de cómo fondos 60/40 pueden combinar rentabilidad y sostenibilidad con resultados tangibles.

Cómo los fondos 60/40 combinan rentabilidad y sostenibilidad

En la última década, los inversores han buscado maneras de participar en el crecimiento empresarial sin exponerse a la volatilidad extrema de una cartera 100% accionaria. La combinación tradicional 60/40 —60% renta variable y 40% renta fija— vuelve a ser analizada, pero ahora bajo la lente de los criterios ESG. El fondo CI Environment ISR ejemplifica esta re-inventación, al mezclar acciones de calidad con bonos de grado medio, manteniendo un balance que protege el capital y, al mismo tiempo, persigue un impacto ambiental positivo.

CI Environment ISR: estructura 60/40 con filtro ESG

Al cierre de agosto, el fondo registraba un 68 % de su activo en renta variable y un 33 % en renta fija respetando una política que permite oscilar la exposición accionaria entre el 50 % y el 75 %. La selección de valores sigue la filosofía “Quality Growth at a Reasonable Price”: buscar compañías rentables, con ROIC superior al 30 % y precios razonables (media de 21 x utilidades). En conjunto, la cartera muestra un crecimiento de BPA del 21 % y una huella de carbono de 65 tCO₂e por millón de euros, frente a las 107 tCO₂e de su índice de referencia.

El top 10 de posiciones representa cerca del 30 % del total y está dominado por gigantes tecnológicos y financieros: NVIDIA (4,5 %), Apple (4 %), Alphabet (3,8 %), Microsoft (3,6 %), JPMorgan (2,7 %), Amazon y Visa (2,5 % cada una), Novartis (2,1 %) y Coca-Cola (2 %). El peso sectorial se concentra en financiero (29 %) y tecnología (17 %), con una exposición geográfica del 45 % en EE. UU. y 12 % en España.

En el tramo de renta fija, el fondo mantiene un rating medio BBB, una duración de 3,18 años y una TIR del 3,75 %. Este bloque aporta diversificación y reduce la volatilidad a cinco años, que se sitúa en el 9,2 %. Los resultados son evidentes: +12,81 % en el último año y un rendimiento anualizado del 11,61 % a tres años, situándolo en el primer cuartil de su categoría.

Inversión social y ambiental en las grandes empresas colombianas

El Índice de Inversión Social y Ambiental Empresarial (IISAE) 2026 revela que las mil mayores compañías del país destinaron 8,6 billones de pesos a proyectos sociales y 10 billones a iniciativas ambientales durante 2025. El componente ambiental creció un 45 % respecto a 2022, mientras que la inversión social retrocedió un 16 %. Es relevante notar que el 81 % de la inversión social es voluntaria frente al 58 % de la partida ambiental que corresponde a obligaciones regulatorias.

Esta diferencia estructural explica la cobertura geográfica desigual: la inversión social alcanza al 98 % de los municipios, pero la ambiental solo al 64 %, dejando vacíos críticos en áreas de alto valor ecológico como la Amazonía, la Orinoquía y el Chocó. El estudio advierte que la normativa obligatoria puede limitar el impacto real, por lo que se necesita replantear los requisitos para canalizar recursos a esos ecosistemas vulnerables.

En cuanto a medición, el 94 % de las empresas utilizan indicadores clave de desempeño (KPI), pero la proporción que realiza evaluaciones de impacto cayó del 68 % al 36 %, y solo el 16 % calcula el retorno de la inversión social. La lección principal, según el director Jaime Arteaga, es que la continuidad supera al monto puntual: inversiones pequeñas pero permanentes en una causa pueden generar transformaciones irreversibles, mientras que grandes desembolsos únicos a menudo desaparecen sin dejar huella.

Las alianzas con comunidades también se han debilitado: la participación de empresas en proyectos comunitarios disminuyó del 63 % al 39 % entre 2024 y 2025, al igual que la cooperación con el sector público (de 40 % a 28 %). Sólo las colaboraciones con otros agentes privados mostraron un leve aumento (de 54 % a 57 %). Arteaga considera que la pérdida de confianza exige la reconstrucción de espacios de diálogo basados en objetivos compartidos.

Sostenibilidad como motor de competitividad empresarial

Ejemplos europeos demuestran que la sostenibilidad puede traducirse directamente en resultados financieros. Acciona aumentó sus ventas un 96 % en cinco años mientras reducía sus emisiones de GEI un 18 %. El éxito se sustentó en cuatro palancas: mayor eficiencia operativa, sustitución sistemática de combustibles fósiles, electrificación de procesos e integración masiva de energías renovables. El dirigente de sostenibilidad José Luis Blasco afirma que al alinear la cuenta de resultados con la regeneración del planeta se generan “transformaciones de impacto multiplicado”.

En el sector de gestión del agua, Fluidra ha puesto en marcha el piloto “BCN Water Solutions”, que utiliza un gemelo digital para optimizar el consumo de agua y energía en cinco centros deportivos municipales. Según la directora de sostenibilidad Carla Coloma, la herramienta puede recortar entre el 10 % y el 25 % los costes operativos, convirtiendo la gestión ambiental en una verdadera palanca de competitividad frente al alza de precios de recursos.

Aunque la presión regulatoria se ha atenuado en Europa —por ejemplo, el paquete Ómnibus que simplifica obligaciones ESG—, los expertos advierten que la verdadera transición depende de la convicción interna de la alta dirección. Los principales obstáculos siguen siendo la escasez de recursos en pymes (que representan el 98 % del tejido empresarial español) y la menor adopción de prácticas sostenibles en el sector servicios. Superar estas barreras implica no solo cumplir requisitos externos, sino integrar la sostenibilidad en la estrategia central de la compañía.

En conjunto, los casos del CI Environment ISR, la inversión empresarial colombiana y los ejemplos de Acciona y Fluidra muestran que la combinación de rentabilidad y sostenibilidad ya no es un lujo, sino una condición necesaria para sobrevivir y prosperar en un entorno económico y ambiental cada vez más exigente.

Autore

Carmen Ruiz

Carmen Ruiz traduce el último informe del IPCC en preguntas que importan a la Gen-Z: qué cambia en mi factura, mi trabajo, mi ciudad. Reportaje serio sin alarmismo.