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27 septiembre 2026

Mil satélites que redefinen la vigilancia climática y militar

Los millones de imágenes diarias de satélite ahora alertan sobre incendios, gas metano y amenazas fronterizas con la ayuda de la IA.

Mil satélites que redefinen la vigilancia climática y militar

En la última década, la órbita terrestre se ha convertido en un verdadero supermercado de sensores. Según estudios de la consultora Pixalytics, los observatorios espaciales pasaron de 374 unidades en 2016 a más de 1.000 satélites en la actualidad, y se anticipa que para 2035 la cifra supere los 6.500 lanzamientos. No solo aumenta el número, sino que la resolución espacial, espectral y radiométrica ha mejorado de forma drástica, permitiendo medir con precisión la humedad del suelo, la evapotranspiración o la concentración de gases como el metano.

Este salto tecnológico se combina con la apertura de datos: agencias como el Servicio Geológico de EE.UU. ponen a disposición de investigadores y empresas volúmenes de información que hace décadas eran impensables. En la Universidad de Valencia, el Image Processing Laboratory, dirigido por José Sobrino, aprovecha esos archivos junto a algoritmos de inteligencia artificial para monitorizar islas de calor urbanas y diseñar ciudades más resilientes al calentamiento global.

Aplicaciones climáticas y de prevención de desastres

Los satélites de observación terrestre ya siguen en tiempo real la aparición de incendios, la evolución de inundaciones y la formación de olas de calor. Gracias a la IA, los datos de diferentes fuentes se cruzan rápidamente, generando alertas tempranas que permiten actuar antes de que el fenómeno se descontrole. Proyectos como Iseec ubicado en el Parque Tecnológico de Fuerteventura, integran satélites, drones y plataformas estratosféricas para vigilar la integridad de los cortafuegos forestales.

En el ámbito de la calidad del aire, iniciativas como CH4 Sentinel emplean imágenes del satélite Sentinel-2 del programa Copernicus para identificar emisores de metano. Según Nicholas Kinsella, responsable del proyecto, esta capacidad permite contrastar las declaraciones de emisores industriales con mediciones objetivas, generando una verdadera rendición de cuentas ambiental.

Vigilancia y seguridad: de la frontera marroquí a la órbita GEO

El fortalecimiento militar de Marruecos, respaldado por Estados Unidos e Israel, ha incluido la entrega de cazas F-16, helicópteros Apache y una red de satélites y drones de observación. Esta infraestructura permite monitorizar la zona atlántica que se extiende desde Agadir hasta las Islas Canarias, incrementando la capacidad de detección de objetivos y respuesta tanto terrestre como aérea.

A nivel espacial, la Fuerza Aérea de EE.UU. y la Space Force avanzan con el programa GHOST-R que desarrollará pequeños satélites capaces de rastrear objetos en órbita geoestacionaria (GEO). Empresas como Northrop Grumman y True Anomaly construirán plataformas del tamaño de una maleta que, equipadas con sensores ópticos de alta resolución y algoritmos de IA, podrán observar y caracterizar satélites críticos cada semana a partir de 2028. El objetivo es crear una constelación que cubra todos los activos catalogados en GEO, reforzando la capacidad de detección, identificación y seguimiento antes de cualquier acción de control espacial.

Del dato a la decisión: el rol decisivo de la IA

Con millones de imágenes generadas diariamente, el desafío ya no es la captura sino la gestión del volumen de información. Empresas como Xcalibur Smart Mapping emplean IA para filtrar indicadores como cambios en la humedad del suelo o deformaciones del terreno, ofreciendo a gobiernos y compañías mineras informes periódicos que facilitan la detección de actividades ilegales y la planificación de mantenimientos.

En todas estas iniciativas, la inteligencia artificial actúa como el pegamento que armoniza fuentes con formatos, escalas y resoluciones distintas, permitiendo análisis integrados y alertas en tiempo real. El entrenamiento con datos de campo asegura la fiabilidad de las interpretaciones, mientras que la automatización acelera la transición de la mera observación a la acción concreta, ya sea durante la fase de prevención, la respuesta a emergencias o la fase de reconstrucción posterior.

Autore

Carmen Ruiz

Carmen Ruiz traduce el último informe del IPCC en preguntas que importan a la Gen-Z: qué cambia en mi factura, mi trabajo, mi ciudad. Reportaje serio sin alarmismo.