En una jornada que marcó un hito en la diplomacia tecnológica, el presidente Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping firmaron un acuerdo para instaurar un canal de comunicación bilateral destinado a gestionar cualquier incidente relacionado con la inteligencia artificial. La cita tuvo lugar en Washington el pasado viernes 25 de septiembre, en el marco de una cumbre centrada exclusivamente en los retos que plantea la denominada superinteligencia (SI).
El documento firmado establece que ambas potencias intercambiarán información de forma inmediata cuando se detecten anomalías, comportamientos inesperados o vulnerabilidades en sistemas de IA avanzados. Además, se ha creado un Diálogo EEUU-China sobre Superinteligencia espacio formal donde se debatirán los riesgos y beneficios asociados al desarrollo de estas tecnologías. En la práctica, el mecanismo actúa como una especie de línea directa que permite a Washington y Pekín coordinar respuestas y evitar interpretaciones erróneas que pudieran escalar a disputas diplomáticas.
Detalles del nuevo protocolo y la elección de la terminología
Una de las decisiones más llamativas del acuerdo fue el uso del término superinteligencia en sustitución de inteligencia artificial. Según la Casa Blanca, la denominación SI refleja la creciente capacidad de los sistemas para superar la inteligencia humana en tareas específicas, resaltando la necesidad de una mayor cautela. El propio Trump expresó antes de la cumbre que prefiere mantener la IA «exactamente donde está», subrayando su intención de evitar una carrera descontrolada. Por su parte, el presidente chino Xi adoptó un tono más mesurado, insistiendo en que el desarrollo debe permanecer bajo «control humano» y que la relación entre ambas naciones debe ser «sin conflicto ni confrontación».
El antecedente de este acuerdo se remonta a conversaciones preliminares entre funcionarios estadounidenses y chinos, donde el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent propuso la necesidad de crear un mecanismo de notificación para incidentes de seguridad vinculados a la IA. Entre los escenarios contemplados destacan agentes de IA que operen sin supervisión, ataques cibernéticos a infraestructuras críticas y la posible responsabilidad de las empresas desarrolladoras ante fallos de sus sistemas.
Contexto geopolítico y próximos encuentros
Este pacto se produce en medio de una competencia tecnológica sin precedentes entre Washington y Pekín. Ambos países invierten miles de millones en investigación y desarrollo de IA, compiten por el liderazgo en semiconductores y mantienen disputas sobre restricciones comerciales. La creación del canal de comunicación busca, por tanto, mitigar el riesgo de que un accidente tecnológico desencadene una crisis diplomática.
El calendario ya incluye dos citas clave: en noviembre, los líderes se reencontrarán en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen, y en diciembre volverán a coincidir durante la reunión del G20 en Miami. Si todo marcha según lo previsto, estas sesiones servirán para evaluar el funcionamiento del nuevo mecanismo y ajustar protocolos según la evolución de los riesgos.
En síntesis, el acuerdo entre EEUU y China representa una respuesta proactiva a la acelerada expansión de la superinteligencia. Al establecer un canal de comunicación y un foro permanente de debate, ambas potencias se comprometen a mantener la IA bajo vigilancia humana y a evitar que un posible error tecnológico se convierta en un conflicto internacional.



