En una reciente entrevista vinculada a la publicación del informe anual de sostenibilidad de Generation Investment Management, Al Gore volvió a colocar la inteligencia artificial (IA) en el centro de su visión para combatir el calentamiento global. El exvicepresidente de Estados Unidos señaló que, a diferencia de los temores que circulan en el debate público, las emisiones generadas por los centros de datos dedicados a la IA representan solo una mínima parte del total de gases de efecto invernadero emitidos a nivel mundial. Para Gore, la verdadera oportunidad radica en cómo la IA puede optimizar los sistemas energéticos, reduciendo pérdidas y facilitando la integración de energías renovables en la red eléctrica.
Gore coloca la IA como motor de la transición energética
Durante la conversación con Lila Preston, líder de crecimiento de Generation Investment Management, Gore explicó que la IA tiene la capacidad de mejorar la eficiencia en sectores críticos como la generación eléctrica, el transporte y la agricultura. Citó un estudio del Instituto Grantham que estima una reducción potencial de hasta 5 400 millones de toneladas de CO₂ al año para 2035 gracias a la aplicación de algoritmos que optimizan la demanda y el suministro de energía. Además, resaltó que la IA ya está siendo empleada por compañías como Microsoft e Intuit para gestionar de forma más inteligente sus infraestructuras, y por startups como Weka, que desarrollan soluciones de almacenamiento de datos de bajo consumo.
Comparativa de emisiones: IA frente a otras fuentes
Gore puntualizó que, si se suman todos los centros de datos de IA, su contribución es una fracción de la emitida por los vertederos no cubiertos alrededor del planeta. En contraste, el consumo de electricidad de la climatización supera ya la demanda total de la Unión Europea y se espera que se triplique para 2050. La Agencia Internacional de Energía proyecta que la energía consumida por centros de datos alcanzará los 945 TWh en 2030 menos del 3 % del consumo mundial, pero con un ritmo de crecimiento anual del 15 % – cuatro veces más rápido que el consumo global. Estas cifras sitúan a la IA en un contexto donde, aunque su huella no es despreciable, es mucho menor que la de sectores tradicionales como la industria del gas o la generación de energía basada en combustibles fósiles.
Inversiones limpias y llamado a la regulación
Generation Investment Management ya ha apostado por proyectos de centros de datos limpios en Brasil y por empresas que buscan reducir la intensidad energética del cómputo. Asimismo, la firma está invirtiendo en proveedores como Kraken, que desarrollan software para optimizar la operación de redes eléctricas, y en Volue, especializada en integrar más energías renovables en la infraestructura de utilities. A pesar de este optimismo, Gore no ignora los riesgos. Expresó su preocupación por el uso de nuevas turbinas de metano en algunos grandes proveedores de nube, señalando que la construcción de nuevas plantas de gas podría perpetuar la dependencia de los combustibles fósiles durante décadas. Por ello, subrayó la necesidad de establecer marcos regulatorios que garanticen que la IA se desarrolle y despliegue de forma segura, recomendando una cooperación internacional, especialmente entre EE. UU. y China, tanto en el ámbito tecnológico como climático.
Según sus palabras, la IA no es la amenaza existencial que algunos pintan, sino una herramienta que, bien gestionada, puede ser decisiva para alcanzar los objetivos climáticos globales.



