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Coches eléctricos como respaldo para redes solares en ciudades tropicales

En ciudades como Singapore, los coches eléctricos pueden actuar como baterías móviles para compensar breves cortes solares y mejorar la fiabilidad de la red

Coches eléctricos como respaldo para redes solares en ciudades tropicales

En muchos núcleos urbanos situados en zonas tropicales, la irrupción de tormentas al final de la tarde provoca caídas de radiación solar que duran desde minutos hasta media hora. Esto plantea un reto para quienes aspiran a sistemas energéticos basados en energía solar: aunque la generación promedio sea alta, la variabilidad momentánea amenaza la estabilidad de la red eléctrica. Cuando el ingeniero civil Markus Schläpfer se trasladó a Singapore hace una década, detectó precisamente este problema recurrente y comenzó a explorar soluciones que combinaran movilidad y energía para evitar apagones localizados.

La propuesta central es aprovechar la creciente flota de coches eléctricos como reservas de energía distribuidas. En este planteamiento, los vehículos no son solo medios de transporte sino también elementos activos de la infraestructura: baterías que pueden cargar, almacenar y devolver energía según las necesidades del sistema. Ese modelo implica coordinación avanzada entre cargadores, operadores de red y conductores para que la capacidad de las baterías se convierta en un recurso gestionable sin afectar la movilidad.

La amenaza de las tormentas vespertinas

Las denominadas tormentas vespertinas son episodios de precipitación intensa y nubosidad que suelen coincidir con horas de alta demanda en climas cálidos. En términos técnicos, provocan caídas abruptas de irradiación solar que pueden reducir la producción fotovoltaica de manera significativa y repentina. Esa fluctuación corta pero pronunciada exige fuentes de respuesta rápida: margen de reserva, baterías estacionarias o fuentes fósiles que compensen de forma inmediata.

Para ciudades concentradas, añadir más plantas fósiles contradice objetivos climáticos; por eso la opción de usar la batería de los vehículos conectados aparece como una alternativa con doble beneficio: mitigación técnica y reducción de emisiones.

Vehículos eléctricos como recurso urbano

Transformar una flota en un activo energético requiere tres condiciones básicas: comunicación, capacidad y incentivos. La comunicación implica protocolos que permitan al vehículo recibir señales de la red; la capacidad depende de cuánta energía esté disponible en los acumuladores de los coches; y los incentivos aseguran que los propietarios acepten participar.

Tecnologías como la carga bidireccional y normas estandarizadas facilitan la interacción entre cargadores y operadores del sistema, mientras que modelos tarifarios o compensaciones económicas convencen a los usuarios de ceder parte de su capacidad de almacenamiento.

Sistemas bidireccionales y V2G

El término V2G (vehicle-to-grid) define la capacidad de un coche para inyectar energía de vuelta a la red. En la práctica, esto exige controladores en el vehículo y en el punto de carga que gestionen flujos energéticos y protejan la batería. Cuando una nube cubre paneles solares, los coches conectados pueden entregar energía por minutos cruciales, manteniendo frecuencia y voltaje dentro de márgenes seguros. Además, la operación coordinada de muchos vehículos distribuidos reduce la necesidad de infraestructura central adicional, al tiempo que convierte al parque automotor en una suerte de banco de energía móvil.

Integración práctica en la red

Para que el sistema funcione sin fricciones se requiere interoperabilidad y una plataforma de gestión en tiempo real. Sensores, algoritmos de predicción meteorológica y señales de demanda se sincronizan para decidir cuándo conviene descargar o cargar coches. Es clave que estas decisiones respeten la autonomía mínima necesaria para los desplazamientos diarios, por lo que las políticas públicas y los acuerdos comerciales juegan un papel central. En entornos urbanos, la ventaja es la alta densidad de vehículos y puntos de recarga, lo que facilita responder localmente a eventos de baja irradiación.

Implicaciones y próximos pasos

Adoptar esta estrategia implica respuestas en varios frentes: inversión en cargadores bidireccionales, marco regulatorio para transacciones energéticas entre particulares y la red, y campañas para integrar a conductores como agentes activos. La experiencia recogida por expertos como Markus Schläpfer subraya que no se trata solo de tecnología, sino de diseñar incentivos que conviertan a propietarios de vehículos en aliados de la transición. Si se resuelven las barreras técnicas y económicas, las ciudades tropicales pueden aumentar su dependencia de la energía solar sin sacrificar la fiabilidad, usando la movilidad eléctrica como pieza clave de una red más resiliente y baja en carbono.

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Escrito por Chiara Ferrari

Ha gestionado estrategias de sostenibilidad para multinacionales con facturaciones de nueve cifras. Sabe distinguir el greenwashing real de las empresas que realmente lo intentan - porque ha visto ambos desde dentro. Los números importan más que los eslóganes.

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