La carrera por potencia y capacidad en servidores de Inteligencia artificial tiene un efecto colateral directo sobre los consumidores: la escasez de memoria RAM. Los principales fabricantes de chips han reorientado parte de su producción hacia módulos de alta capacidad y ancho de banda para centros de datos, reduciendo la oferta de memoria general y provocando incrementos de precio en periodos recientes, incluyendo un aumento cercano al 90% en los primeros meses comparado con trimestres previos según análisis del mercado.
Este movimiento industrial no es pasajero. Analistas señalan que la situación generará impactos prolongados en ventas, precios medios y en el ecosistema de marcas que compiten en segmentos de entrada y gama media. Las decisiones que tomen los proveedores y las grandes nubes definirán quién sobrevive a esta reconfiguración.
Proyecciones y cifras que explican la magnitud
La consultora IDC proyecta una contracción del 12.9% en los envíos globales de smartphones para el año en curso, comparado con los 1,26 mil millones de unidades reportadas el año anterior y una previsión que quedaría en 1,12 mil millones.
Paralelamente, el precio medio de venta (ASP) de los teléfonos subiría alrededor de un 14%, alcanzando un récord estimado de $523, una señal clara de que la inflación de componentes se traslada al bolsillo del comprador.
Consecuencias para fabricantes y segmentos
El encarecimiento de la memoria empuja a dos estrategias contrapuestas: subir precios o recortar especificaciones. Como explicó el empresario Carl Pei, algunas marcas se enfrentarán a la disyuntiva de aumentar precios hasta un 30% o reducir capacidades, eliminando la premisa de «más prestaciones por menos» que sostenía a muchas marcas de valor.
En ese escenario, se espera una consolidación del mercado: proveedores pequeños podrían desaparecer y los fabricantes de gama baja sufrirían caídas de envíos especialmente severas.
Impacto regional
Las variaciones geográficas no serán homogéneas. IDC destaca que regiones como Medio Oriente y África podrían experimentar caídas de envíos superiores al 20% interanual. Mercados clave en Asia, incluido China, y el resto de Asia Pacífico también prevén descensos significativos, lo que refleja tanto la sensibilidad a precios como la dependencia de cadenas de suministro internacionales.
Origen técnico y estructura del problema
La raíz del problema está en la concentración de la producción: empresas como Samsung, SK Hynix y Micron controlan la mayor parte del suministro mundial de memoria, y al priorizar la fabricación para workloads de IA en centros de datos se reduce la disponibilidad para componentes destinados a dispositivos de consumo. Un solo servidor de IA puede requerir tanta memoria avanzada como decenas o centenares de laptops, lo que convierte a los hiperescaladores en consumidores masivos de un recurso finito.
Perspectiva de la oferta
La expansión de la producción de memoria exige plantas de fabricación que cuestan miles de millones y tardan varios años en estar operativas. Por ello, los expertos estiman que la estabilización de precios y suministros será gradual; algunas voces de la industria han señalado que el alivio completo podría tardar varios años, mientras las arquitecturas de cómputo y la capacidad fabril evolucionan.
Qué pueden hacer consumidores y marcas
Para consumidores, la recomendación práctica de especialistas en cadena de suministro es anticipar compras importantes: adquirir dispositivos antes de que los precios suban aún más puede ser la opción más económica en el corto plazo. Para fabricantes y marcas, la respuesta pasa por diversificar fuentes, reajustar carteras de producto, y replantear estrategias de precios y especificaciones para no perder cuota en segmentos sensibles al costo.
Reflexión final
La crisis de la memoria es más que una disrupción temporal: es un ajuste estructural que obliga a la industria a redefinir prioridades entre capacidad de cómputo para IA y accesibilidad de dispositivos de consumo. Mientras tanto, los usuarios y las empresas deberán navegar entre mayores precios, cambios en la oferta y una transición industrial que, según muchos analistas, llevará años en resolverse.

