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Cómo los agentes de IA redefinen el valor del trabajo en tecnología

La proliferación de agentes de IA está reasignando tareas de codificación y elevando la importancia de quienes saben dirigirlos; este texto explora las consecuencias para empleo, contratación y cultura en tecnología

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En los últimos años la relación entre humanos y herramientas de software ha cambiado rápidamente. Lo que antes se resolvía escribiendo código línea por línea ahora puede delegarse a agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas en entornos reales. Ese desplazamiento no elimina la necesidad humana, pero sí transforma el perfil profesional más valorado: no tanto quien produce código manualmente, sino quien decide qué deben hacer esos agentes.

Este artículo examina por qué compañías y capitales en tecnología prefieren contratar personas con alta capacidad de iniciativa —lo que en inglés se ha denominado «agentic»— y qué implica eso para ingenieros, managers y profesionales fuera del ámbito de la programación.

El patrón emergente en Silicon Valley

En empresas de alto crecimiento la práctica de otorgar autonomía a sistemas automatizados se ha intensificado. Los equipos usan herramientas de codificación automatizada como asistentes que generan, prueban y corrigen código, y en algunos casos ejecutan acciones sobre repositorios o entornos. La ventaja que esto provoca es doble: acelera la entrega de productos y cambia la naturaleza del trabajo intelectual requerido.

En lugar de valorar únicamente la habilidad para teclear soluciones, las organizaciones buscan personas que sepan orquestar agentes, es decir, diseñar instrucciones precisas, supervisar resultados y corregir fallos.

Esa labor incluye entender límites del sistema, revisar propuestas generadas y mantener responsabilidad sobre la calidad final.

De ingenieros que programan a ingenieros que coordinan

Algunos profesionales han transitado de escribir código manualmente a gestionar múltiples asistentes simultáneamente. La capacidad de formular prompts efectivos, estructurar pipelines y evaluar salidas se ha vuelto una habilidad estratégica. Estas personas actúan como supervisores técnicos: delegan tareas repetitivas y se concentran en decisiones de mayor nivel, diseño de producto y refinamiento de criterio.

Impacto en contratación y cultura

Los criterios de selección han evolucionado. Inversores y fundadores observan con preocupación a candidatos que ignoran estas herramientas: su ausencia es vista muchas veces como una señal de desactualización. Por el contrario, quienes demuestran destreza para integrar agentes en flujos de trabajo destacan por su capacidad de multiplicar resultados.

No obstante, la etiqueta de «personas con alta iniciativa» ha generado también críticas. Para algunos, la glorificación de ese perfil sugiere una visión polarizada: pocas personas consideradas protagonistas y muchas relegadas a roles secundarios.

Más allá de la retórica, el reto real es cómo formar equipos donde la automatización potencie la creatividad sin deshumanizar la colaboración.

Reglas prácticas en equipos que usan agentes

En organizaciones que adoptan agentes existe una norma recurrente: quien propone un cambio sigue siendo responsable de su calidad. Esa política evita la indefensión ante errores generados por la IA y obliga a mantener revisión humana. Además, algunos equipos aplican límites de contexto para no sobrecargar la atención humana cuando varios agentes trabajan en paralelo.

Más allá de la programación: agentes para no desarrolladores

Aunque el fenómeno nació en el mundo del software, las capacidades de estos sistemas ya alcanzan tareas administrativas, analíticas y creativas. Herramientas que interactúan con archivos, gestionan repositorios y automatizan flujos de trabajo abren la puerta a que profesionales de áreas como finanzas, legal o producto puedan ejecutar soluciones sin dominar lenguajes de programación.

Esto implica que la barrera de entrada para construir prototipos o resolver problemas prácticos se reduce. Personas con conocimiento del dominio pueden prototipar soluciones integrando agentes, y aprender en el proceso. En hackathons recientes, por ejemplo, participantes sin formación en desarrollo lograron crear aplicaciones útiles al aprovechar asistentes bien configurados.

Herramientas y protocolos de integración

La expansión de integraciones estandarizadas permite conectar agentes a servicios como gestores de notas, almacenamientos y plataformas de código. El uso de protocolos de contexto facilita que un agente acceda a información relevante y actúe en consecuencia, y la comunidad desarrolla conectores que amplían el alcance de esas automatizaciones.

La presencia de agentes reconfigura el mapa de habilidades valiosas: creatividad estratégica, supervisión crítica y capacidad de diseñar flujos donde humanos y máquinas trabajan en conjunto. Aun así persisten desafíos éticos y organizativos: garantizar responsabilidad, evitar sesgos en automatizaciones y preservar la diversidad de roles en el ecosistema laboral.

Aprender a dirigir agentes, verificar sus resultados y mantener el criterio humano serán competencias clave en la nueva etapa del trabajo tecnológico.

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Escrito por Staff

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