UpScrolled nació como respuesta a la percepción de censura y al deseo de ofrecer una alternativa diferente a las grandes plataformas. Su fundador, Issam Hijazi, tras una larga trayectoria en empresas como IBM, Oracle y Hitachi, decidió construir una aplicación que prioriza la transparencia y la experiencia lineal en lugar de los filtros algorítmicos. Desde sus primeros pasos, la plataforma prometió no compartir los datos de usuario con empresas de marketing y mantener una alimentación cronológica para que los usuarios vean lo que efectivamente se publica en el tiempo.
La génesis del proyecto estuvo marcada por motivos personales y profesionales: Hijazi, que empezó a programar a los 12 años y suma más de 17 años en el sector tecnológico, mencionó la necesidad de crear un espacio donde las voces no fueran sometidas a prácticas como el shadow-banning. La plataforma se lanzó en julio de 2026 y, tras episodios de tensión en otras redes, vivió picos de crecimiento que la colocaron en el centro del debate sobre libertad de expresión y responsabilidad.
Un diseño intencional y una experiencia familiar
Al diseñar UpScrolled, el objetivo fue claro: ofrecer una interfaz que cualquier usuario de redes sociales reconozca al instante. La propuesta no persigue reinventar la rueda en funcionalidades; permite publicar fotos, vídeos cortos, textos y compartir contenido, pero con dos diferencias clave: una alimentación cronológica y promesas firmes sobre la gestión de los datos. Según Hijazi, la idea es que el usuario elija a quién seguir y consuma información sin que un algoritmo priorice lo que cree que le conviene.
En palabras sencillas, se pretende devolver control al usuario y reducir la dependencia de técnicas diseñadas para maximizar la atención.
Crecimiento rápido y sus consecuencias
El crecimiento de la plataforma fue vertiginoso y no exento de tensiones. Hasta el 20th of January la app rondaba los 150.000 usuarios; a finales de ese mes la cifra se había disparado hasta aproximadamente 2,5 millones, impulsada por acontecimientos externos que llevaron a usuarios a buscar alternativas.
Ese arranque acelerado dejó claro que escalar una red social implica más que aumentar servidores: emergieron necesidades de soporte, seguridad y moderación de contenido, y la persona detrás del proyecto pasó de ser un equipo de uno a liderar una plantilla de unas 25 personas encargadas de ingeniería, comunicación, y revisión de contenido.
Retos técnicos y operativos
El aumento de usuarios trajo consigo ataques técnicos y la aparición de actores que ponen a prueba los sistemas de control. Mantener la plataforma estable en dispositivos de diversas regiones, gestionar solicitudes de soporte y preparar un sistema de moderación funcional son tareas que exigieron incorporar procesos y herramientas rápidos. Además, la comunicación con medios y la atención pública se volvieron constantes, lo que añadió presión sobre la toma de decisiones técnicas y estratégicas.
Costes personales
El montaje y la supervisión de la plataforma también tuvieron un coste humano. Hijazi relató sacrificios personales, entre ellos periodos prolongados lejos de su familia; su esposa y su hija, de 21 meses, pasaron tiempo en Jordania mientras él viajaba para dar a conocer la iniciativa. Esa tensión personal subraya que lanzar una red social hoy no es solo un reto corporativo, sino también una carga emocional para sus fundadores.
Moderación, críticas y modelo de negocio
La moderación de contenido ha sido uno de los frentes más polémicos. Organizaciones como la Anti-Defamation League (ADL) han señalado casos de contenido extremista o antisemita que, según sus denuncias, no han sido abordados con la suficiente rapidez. Hijazi y su equipo reconocen que crecer tan deprisa complica la respuesta inmediata y afirman estar expandiendo capacidades de revisión y herramientas para combatir abusos. La tensión entre mantener una plataforma libre de supresión encubierta y actuar con contundencia contra discursos de odio es el desafío central de su política de contenidos.
En cuanto a la monetización, UpScrolled explora fórmulas que se alejen del rastreo masivo: suscripciones para cuentas verificadas, un mercado para creadores con comisiones reducidas y publicidad selectiva de anunciantes alineados con los valores de la plataforma. La idea es financiar la operación sin reproducir modelos que dependen de la explotación de datos personales, manteniendo una política estricta sobre quién puede publicitarse en la red.
Reflexiones finales
La historia de UpScrolled ilustra las contradicciones de construir una alternativa tecnológica en un ecosistema dominado por gigantes: la propuesta técnica —una alimentación cronológica y control de datos— choca con realidades operativas como la moderación y la seguridad. Aun así, la plataforma sigue sumando usuarios —superando los cinco millones según comunicados recientes— y prueba que existe demanda por modelos diferentes. El futuro de esta iniciativa dependerá de su capacidad para equilibrar principios, escalabilidad y respuestas eficaces frente a los contenidos dañinos, sin renunciar a la propuesta inicial de devolver protagonismo al usuario.

