La misión Artemis II marca un hito: cuatro astronautas regresan a la Tierra tras una travesía de diez días alrededor de la Luna. La tripulación —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— inició su viaje desde la Tierra el 1 de abril y ha enviado imágenes y datos desde la cara oculta lunar. Se espera que la cápsula Orion comience la reentrada a las 7:33 p.m.
ET y que el amerizaje ocurra a las 8:07 p.m. ET, con una recuperación prevista en el Océano Pacífico frente a la costa de San Diego.
Más allá del interés histórico —es la primera vez en más de 50 años que humanos alcanzan la órbita lunar— la misión es una prueba operativa para futuros alunizajes. Los astronautas llevaron a cabo ensayos para evaluar comunicaciones, maniobras de trayectoria y la capacidad de la nave para mantener condiciones habitables dentro de sus 330 cubic feet de espacio utilizable, aproximadamente el volumen de dos furgonetas medianas.
La transmisión en vivo de NASA permite seguir el descenso y confirmar que la tripulación regrese sana y salva.
Qué hizo única la misión y qué hay que vigilar en el regreso
Artemis II no solo recorrió más distancia que cualquier otra misión tripulada moderna —llegando a unos 252,760 millas de la Tierra—, sino que también generó hallazgos humanos y culturales durante el sobrevuelo: fotografías inéditas de la cara oculta, la observación de un eclipse solar desde una perspectiva cercana a la Luna y hasta el bautizo de nuevos cráteres, entre ellos uno denominado en memoria de Carroll, la esposa fallecida del comandante Wiseman.
A nivel operativo, los incidentes cotidianos en el interior de la nave, como problemas con software de oficina o el sistema sanitario, fueron relativamente menores frente a la magnitud del registro científico y técnico obtenido.
El escudo térmico Avcoat y los riesgos de la reentrada
El elemento más crítico en la fase final es el escudo térmico de la cápsula, fabricado con Avcoat. El Avcoat es un material ablativo diseñado para sacrificar parte de su estructura y así disipar el calor extremo generado por la compresión atmosférica durante la reentrada.
En la reentrada típica desde la trayectoria lunar, la cápsula alcanza velocidades del orden de 11 km/s (≈40.000 km/h), generando un plasma y temperaturas que pueden superar los 2.700 °C. En la misión no tripulada Artemis I (2026) se detectó una erosión mayor de la prevista en zonas del escudo, un hallazgo que impulsó investigaciones y refuerzos antes del vuelo con tripulación.
Cómo protege la ablación y por qué sigue siendo una preocupación
La protección funciona por ablación: al calentarse, la superficie del Avcoat se descompone y se evapora, llevándose energía térmica lejos de la estructura metálica. El escudo de Orion es uno de los mayores diseñados para tripulación, con un diámetro cercano a los 5 metros y espesores variables según la zona de mayor estrés. Aunque los análisis post-Artemis I indicaron que el diseño cumplía su función de protección, la observación de grietas y quemaduras en el material mantiene la atención de ingenieros y público por igual, porque una falla en ese componente durante la reentrada incrementaría los riesgos para la tripulación.
Sistemas térmicos internos y estrategias para mantener a la tripulación segura
El escudo protege durante la entrada atmosférica; en el resto del vuelo, la temperatura interna se regula mediante una combinación de sistemas activos y pasivos. El Sistema de Control Térmico Activo (ATCS) utiliza un circuito cerrado de amoníaco para trasladar el calor desde equipos y cuerpos humanos hacia radiadores ubicados en el Módulo de Servicio Europeo (ESM). Además, la cápsula cuenta con un aislamiento multicapa (MLI) que actúa como una chaqueta reflectante contra los extremos térmicos del espacio. Estas soluciones trabajan en conjunto para mantener la atmósfera interior en rangos confortables y seguros.
Maniobras, riesgos y protocolos de recuperación
Para reducir el estrés sobre la nave y la tripulación, Orion puede realizar una skip entry, una entrada por salto que distribuye la carga térmica y las fuerzas g en dos fases, mejorando la precisión del amerizaje. Aun así, el momento del amerizaje sigue siendo crítico: el escudo debe soportar varios minutos de intensidad térmica máxima mientras la cápsula experimenta hasta 4–5 g. Equipos de recuperación en el Pacífico estarán listos para asegurar la cápsula y prestar atención médica en cuanto toque el agua.
Finalmente, además del seguimiento de la NASA y las retransmisiones en vivo, esta misión aportó lecciones operativas y emocionales que alimentarán a Artemis III y futuros alunizajes. La conjunción de sistemas ablativos, refrigeración por amoníaco, aislamiento multicapa y protocolos de reentrada compone una red de seguridad cuyo éxito será confirmado cuando estos cuatro astronautas pisen de nuevo la cubierta de un barco de recuperación en el Pacífico.

