La movilidad autónoma avanza, pero no está libre de fricciones. Mientras Waymo opera vehículos sin conductor en varias ciudades, un detalle cotidiano —una puerta que queda abierta— puede inmovilizar un automóvil y detener su ciclo de servicio. Para atajar ese fallo operativo, la compañía ha empezado a notificar a la red de DoorDash para que conductores cercanos acudan a cerrar la puerta a cambio de una remuneración. Esta medida subraya que, pese a los avances en software y sensores, la implementación real aún necesita intervenciones humanas puntuales.
El procedimiento ha aparecido en foros y reportes: un Dasher recibió una oferta de pago por desplazarse menos de una milla y cerrar la puerta de un vehículo autónomo. Tras la verificación del cierre, se añadía un complemento económico. Casos similares también han sido gestionados mediante otras plataformas de servicios en campo, con tarifas variables según la ciudad. Más allá de la anécdota, esta práctica plantea preguntas sobre el diseño de protocolos de seguridad y la logística de flotas que se autonomizan gradualmente.
Por qué una puerta abierta detiene un coche autónomo
Los vehículos sin conductor incorporan múltiples capas de seguridad que cubren desde detección de obstáculos hasta comprobaciones físicas antes de iniciar una maniobra. Entre esas comprobaciones figura la verificación del cierre de puertas: si una puerta no está correctamente cerrada, el sistema bloquea el avance para proteger a pasajeros y peatones. En la práctica, esa salvaguarda es efectiva para evitar riesgos, pero tiene una consecuencia operativa: un vehículo queda inmovilizado hasta que alguien cierre la puerta.
A diferencia de un conductor humano que vuelve a asegurarla al instante, el coche no puede completar esa acción por sí mismo en el modelo actual, lo que genera tiempos muertos y posibles obstrucciones en la vía pública.
La solución temporal: redes de trabajadores gig
En lugar de desplegar equipos propios que estén permanentemente en la calle, Waymo ha optado por aprovechar la distribución geográfica y la rapidez de respuesta de plataformas ya existentes.
Notificando a Dashers cercanos o a usuarios de apps de asistencia en carretera, la empresa ofrece una compensación por cerrar físicamente la puerta. Este enfoque tiene ventajas claras: cobertura amplia sin costes fijos elevados, tiempos de intervención reducidos y un modelo de pago por evento. Sin embargo, también evidencia que la autonomía completa todavía depende de capacidades humanas externas para resolver problemas banales en apariencia pero críticos en la operación diaria.
Variaciones según la ciudad
Las tarifas ofrecidas a los trabajadores que atienden estas incidencias varían según el mercado. En algunas localidades la recompensa es modesta, mientras que en otras, donde la demanda o el coste de oportunidad es mayor, se ofrecen incentivos sensiblemente más altos. Además, Waymo ha implementado diferentes socios locales para este tipo de soporte; en algunos casos recurre a plataformas de asistencia en carretera que funcionan como un ‘uber’ de servicios de intervención. Estas diferencias resaltan la flexibilidad del modelo pero también la necesidad de adaptarlo a condiciones locales y económicas diversas.
Lecciones para la industria y emprendedores
El episodio ofrece aprendizajes aplicables a proyectos de hardware y automatización: en primer lugar, la transición del laboratorio al entorno real suele revelar fallos de operación que no aparecen en pruebas controladas; diseñar para la resiliencia operativa es tan importante como optimizar algoritmos. En segundo lugar, incorporar respaldo humano no debe interpretarse necesariamente como un fracaso tecnológico, sino como una estrategia práctica de despliegue que permite avanzar y recibir retroalimentación real. Finalmente, las alianzas estratégicas con plataformas ya establecidas pueden acelerar la escalabilidad reduciendo inversión inicial en infraestructura propia.
Implicaciones para la percepción pública
Que un coche autónomo necesite que un repartidor cierre su puerta es, para algunos, un recordatorio de que la promesa de vehículos totalmente autónomos aún es parcial. Para otros, es una muestra de pragmatismo: soluciones híbridas que combinan automatización y soporte humano facilitan la operación real sin sacrificar seguridad. En cualquier caso, la narrativa pública sobre la autonomía se enriquece con ejemplos concretos que muestran tanto los avances como los retos pendientes.
Mirando al futuro, Waymo indica que las próximas generaciones de sus vehículos incorporarán mecanismos automáticos para cerrar puertas, eliminando la necesidad de estas intervenciones externas. Mientras tanto, el recurso a conductores de DoorDash y servicios de asistencia ilustra una fase intermedia en la que la tecnología y el capital humano coexisten para mantener el sistema en funcionamiento. El equilibrio entre ambos factores definirá la velocidad y la calidad de la adopción masiva de la movilidad autónoma.


