La preocupación por la duración de la batería es común entre quienes consideran pasarse a un vehículo eléctrico (EV). En comparación, la batería de un teléfono móvil suele perder rendimiento en pocos años y su sustitución resulta relativamente barata y rápida. Sin embargo, un análisis basado en 8.000 coches y furgonetas revela que las baterías de los EV mantienen mucha más capacidad durante más tiempo y que los miedos a su rápida degradación suelen estar sobredimensionados.
El informe, realizado por una empresa especializada en diagnóstico de baterías de EV, abarca unidades con edades de 0 a 12 años y recorridos de hasta más de 160.000 millas. Las cifras clave y las explicaciones técnicas muestran por qué la experiencia real con baterías de coches eléctricos difiere tanto de la que tenemos con dispositivos portátiles.
Resultados del estudio y lo que significan
Del conjunto analizado, la salud media de las baterías resultó ser del 95,15%, una cifra notablemente alta si se la compara con la expectativa pública.
En términos prácticos, una batería de EV se considera fuera de servicio cuando su salud cae por debajo del 70%, umbral inferior al que suele aplicarse en la electrónica de consumo (alrededor del 80%). Además, la mediana de capacidad en vehículos de 8 a 9 años seguía siendo superior al 85%, y modelos con más de 100.000 millas mostraban valores habituales entre el 88% y el 95%.
Por qué las baterías de EV aguantan más
La diferencia fundamental radica en la construcción y en la química. Mientras que un móvil contiene una o dos celdas compactas diseñadas para alta densidad energética, un paquete de EV integra desde unas 2.000 hasta más de 7.000 celdas. La distribución de la carga térmica y eléctrica entre muchas celdas reduce el estrés sobre cada unidad, lo que se traduce en menor desgaste individual y mayor longevidad del pack completo.
Química y tipos de celdas
Los teléfonos suelen usar baterías de alta densidad energética, optimizadas para peso y volumen. En cambio, muchos EV emplean químicas como NMC (níquel manganeso cobalto), NCA (níquel cobalto aluminio) y, cada vez más, LiFePO4 (litio-hierro-fosfato). Estas últimas son más seguras y toleran más ciclos de carga antes de degradarse. De hecho, las LiFePO4 se usan también en estaciones portátiles donde los fabricantes publicitan miles de ciclos antes de considerar la batería obsoleta.
Uso real y expectativas de vida útil
El patrón de uso influye tanto o más que la tecnología. Una de las principales causas de desgaste es la frecuencia de recarga: un teléfono se recarga a diario, mientras que un coche eléctrico, con rangos típicos de unos 250 millas, exige ciclos mucho menos frecuentes. Si se toma una estimación conservadora —un pack que soporte 1.000 ciclos hasta llegar al 70% de salud y un conductor medio que recorre unas 15.000 millas anuales— la vida útil teórica del pack supera la década y puede llegar a más de 15 años.

