El veterano locutor David Greene, conocido por su trabajo en Morning Edition de NPR y por su papel actual en el programa Left, Right & Center de KCRW, ha presentado una demanda contra Google al considerar que la voz masculina incorporada en la herramienta NotebookLM guarda una semejanza notable con la suya. En declaraciones recogidas por varios medios, Greene contó que amigos, familiares y colegas comenzaron a preguntarle si había prestado su voz a la empresa, lo que lo impulsó a investigar por su cuenta y escuchar las muestras que ofrece la plataforma.
La controversia gira en torno a elementos como la cadencia, la entonación y el uso de muletillas —esas «uh» y «like» que, según Greene, persisten pese a sus esfuerzos por reducirlas—. La inquietud no es solo económica: para Greene, su voz es una identidad profesional y personal, y la posibilidad de que aparezca asociada a contenidos que él no avala agrava el conflicto.
Qué afirma la demanda y la respuesta de Google
En su demanda, presentada recientemente en un tribunal del condado de Santa Clara, Greene alega que NotebookLM reproduce su voz sin permiso ni compensación, y que la función de generar podcasts con anfitriones sintéticos permite poner palabras en la boca de una voz que el público podría identificar con él. La querella cita análisis forenses realizados por una firma no identificada que ofreció una puntuación de similitud entre la voz artificial y la de Greene, calificada por esa firma con una confianza considerándose «relativamente alta» para comparaciones entre voces reales y sintéticas.
Por su parte, Google ha respondido de forma categórica negando que haya utilizado la voz de Greene. Un portavoz declaró que el sonido del anfitrión masculino en los Audio Overviews se basa en un actor profesional contratado. Esa réplica de la empresa desliza una defensa habitual en casos similares: la compañía sostiene que la muestra es original y fruto de un encargo remunerado, y no de la replicación directa de un locutor público.
Contexto y precedentes
El litigio de Greene se enmarca en una creciente oleada de disputas sobre el uso de voces y apariencias en productos de inteligencia artificial. No es el primer profesional del audio que cuestiona la semejanza de voces sintéticas con su trabajo: anteriormente hubo polémicas públicas cuando voces de IA recordaron a figuras como la actriz Scarlett Johansson, y también aparecieron deepfakes de celebridades en campañas comerciales. Estos casos han alimentado debates sobre derechos de imagen y voz, formación de modelos con datos de terceros y la necesidad de acuerdos contractuales claros.
Los expertos legales consultados han señalado que la resolución dependerá de criterios complejos: cuánto se parece la voz sintética a la original, si el público promedio podría identificarla como la de Greene, y si existe daño reconocible en reputación u oportunidades económicas. Algunos citan precedentes como casos donde imitaciones muy características llevaron a litigios exitosos, mientras que otros recuerdan que los tribunales también han protegido a empresas cuando la voz resulta de patrones aprendidos de grandes conjuntos de datos y de rasgos genéricos.
Implicaciones tecnológicas y sociales
Más allá del juicio, la disputa pone sobre la mesa cuestiones prácticas sobre la formación de modelos de voz, la transparencia en la procedencia de los datos y la necesidad de mecanismos que permitan a personas verificar y controlar usos comerciales de su timbre. Herramientas de verificación forense existen, pero suelen estar diseñadas para comparar voces humanas entre sí, no tanto para contrastar voces reales con réplicas generadas por IA.
Reacciones en la industria
El caso ha suscitado comentarios de colegas del medio radiofónico que, al escuchar las muestras de NotebookLM, opinan que la similitud es clara. Otros usuarios en redes sugirieron nombres distintos al de Greene, lo que muestra que la percepción de semejanza puede variar según el oyente. Legisladores y organizaciones del sector tecnológico han propuesto regulaciones para proteger voces y datos biométricos, aunque algunos analistas creen que las leyes existentes podrían bastar si los tribunales interpretan los derechos de forma favorable a los reclamantes.
En sus declaraciones, Greene ha expresado que no busca entorpecer la innovación, sino que esperaba que Google le pidiera permiso si su producto de verdad se basaba en su timbre. Para Google, la defensa es sencilla: se trabajó con un actor pagado. El veredicto legal, en cambio, deberá sopesar evidencias acústicas, testigos y precedentes jurídicos para decidir hasta qué punto una voz sintética puede considerarse una apropiación indebida de la identidad vocal de una persona.


