Desde que comenzó a negociar acciones de compañías privadas en 2010, Glen Anderson ha visto cómo el ecosistema de inversores institucionales se transformó: de unas pocas manos interesadas en rondas tardías a una multitud de participantes. Anderson preside Rainmaker Securities, una firma que facilita transacciones en cerca de 1.000 valores privados, y tiene una visión privilegiada de cómo se comporta el mercado secundario. En su lectura, la conversación actual gira en torno a tres actores principales: Anthropic, OpenAI y SpaceX, y la dinámica entre ellos está rehaciendo la asignación de capital.
Para entender las consecuencias, primero es útil recordar qué es el mercado secundario: un espacio donde accionistas existentes compran y venden participaciones antes de que una compañía salga a bolsa o liquide sus activos. En ese marco, las preferencias de compradores y vendedores pueden mover precios tanto como lo hacen las noticias corporativas o las decisiones regulatorias. Anderson subraya que la narrativa de titulares simplifica mucho lo que, en realidad, es un juego de oferta, demanda y percepción.
Anthropic y la escasez de vendedores
En el caso de Anthropic, la demanda en plataformas privadas ha sido extraordinaria: Anderson asegura que es “la acción más difícil de localizar” en su mercado porque prácticamente no hay vendedores. Parte de esa presión provino de un episodio público con el Departamento de Defensa que, paradójicamente, aumentó la visibilidad y el apoyo hacia la compañía. Ese conflicto público catalizó un relato donde algunos inversores ven a Anthropic como un actor diferenciado frente a rivales, y ese relato ha generado flujos importantes: informes citan ofertas de compra por alrededor de $2.000 millones en efectivo, mientras que otros paquetes —como cerca de $600 millones en acciones de OpenAI— luchan por encontrar contrapartida.
OpenAI: mucho interés, menos exuberancia
La situación de OpenAI es distinta. Aunque muchos inversores desean exposición a ambos desarrolladores de IA, el mercado secundario refleja menos febrilidad. Anderson confirma que las transacciones en secundario apuntan a una valoración implícita notablemente inferior a la última ronda primaria: en términos prácticos, las acciones se negocian en niveles equivalentes a una valoración de ~$765.000 millones, frente a una referencia primaria de ~$852.000 millones.
La firma señala además intentos de controlar el flujo secundario: OpenAI ha advertido sobre compras a través de estructuras de terceros y ha habilitado canales autorizados con bancos sin comisiones para frenar modelos de corretaje de altos honorarios.
El papel de los bancos y las comisiones
En la práctica, entidades como Morgan Stanley y Goldman Sachs han empezado a ofrecer acceso a participaciones de OpenAI a clientes con alto patrimonio, a menudo sin cobrar carry en el caso de OpenAI; sin embargo, cuando se trata de Anthropic, algunos bancos mantienen su participación habitual y aplican comisiones de éxito de entre 15% y 20%. Es un recordatorio de que la estructura de costos y los canales autorizados influyen en quién compra, a qué precio y con qué condiciones.
SpaceX: resiliencia y expectativas de salida a bolsa
SpaceX destaca por su resistencia frente al ajuste que afectó a muchas privadas entre 2026 y 2026, cuando numerosas valoraciones privadas cayeron drásticamente. Anderson explica que la compañía nunca vivió esa corrección severa en el universo de Rainmaker: su trayectoria es “constante y alcista”. Esa solidez se atribuye a una política de precios disciplinada en rondas privadas y a la decisión de no exprimir cada oportunidad de valoración, lo que dejó margen ante imprevistos. A modo ilustrativo, una entrada en 2015 —cuando Google y Fidelity participaron con $1.000 millones y una valoración aproximada de $12.000 millones— habría generado retornos extraordinarios para esos inversores a las valoraciones actuales de la compañía.
La confidencialidad y el efecto en la liquidez
Recientemente, SpaceX presentó de forma confidencial documentos para una oferta pública inicial y los rumores sobre el tamaño potencial de la operación —con estimaciones de emisión de entre $50.000 millones y $75.000 millones— ya cambian la oferta y la demanda en el secundario. A medida que una salida a bolsa se percibe como inminente, los accionistas existentes se muestran menos dispuestos a vender, lo que reduce la oferta para compradores secundarios. Anderson advierte que una gran IPO como la de SpaceX puede acaparar liquidez del mercado, dejando menos capital disponible para quien intente salir a bolsa después.
Consecuencias para los próximos movimientos
La lección para empresas tecnológicas y sus inversores es doble: por un lado, la narrativa pública y las decisiones estratégicas (incluidas las relaciones con reguladores) pueden amplificar la demanda en mercados privados; por otro, la cronología de las salidas a bolsa importa. Si SpaceX encabeza una ronda pública masiva, otras empresas que contemplan IPO —incluidas Anthropic y OpenAI— pueden enfrentarse a una competencia por capital más dura y a una mayor escrutinio de mercado. En definitiva, la asignación de liquidez y el timing seguirán siendo factores decisivos para determinar quién capta los mayores cheques.
Anderson resume la dinámica como una mezcla de percepción, disciplina de precio y competición por liquidez. Para quien quiera profundizar, la conversación completa con Anderson aparece en el podcast mencionado por Rainmaker y plataformas especializadas, donde desarrolla con más detalle cómo estas fuerzas afectan a compradores, vendedores e intermediarios en el mercado secundario.

