En muchas áreas suburbanas la movilidad cotidiana se ha convertido en un rompecabezas: servicios de ferrocarril limitados y autobuses con frecuencias bajas o con retrasos obligan a buscar alternativas. Frente a esa realidad, han surgido opciones de micromovilidad compartida, entre las que destacan los e-mopeds y los e-scooters. Un estudio publicado en la Journal of Transport Geography en octubre de 2026 y un informe de prensa fechado el 15/02/2026 describen cómo estos modos acortan tiempos de viaje, pero también plantean preguntas sobre equidad y coste.
La adopción de vehículos eléctricos ligeros se articula en torno a tres ejes: ahorro de tiempo, riesgos de seguridad y dinámica de mercado. En conjunto, estos factores determinan si la micromovilidad realmente mejora la accesibilidad o si, por el contrario, acentúa desigualdades en el acceso al transporte diario.
Ahorro de tiempo frente a barreras económicas
Los e-mopeds compartidos han demostrado ser especialmente útiles en recorridos suburbanos que quedan fuera del radio cómodo para caminar pero resultan poco eficientes mediante transporte público.
Según la investigación de octubre de 2026, estos vehículos ofrecen ventajas temporales claras frente a autobuses y trenes en tiempos puerta a puerta. Sin embargo, ese beneficio temporal a menudo viene acompañado de una desventaja: costes por viaje más altos. Cuando los hogares eligen ubicarse en áreas con alquileres más bajos, a veces incrementan su dependencia de soluciones de pago por uso, lo que puede traducirse en una carga recurrente sobre quienes menos recursos tienen.
Esta tensión entre tiempo y dinero configura un dilema urbano: ahorrar minutos a diario puede significar pagar tarifas que, acumuladas, suponen un gasto significativo para familias de ingresos modestos. Por ello, mejorar la red de transporte público y diseñar subsidios o tarifas sociales son medidas que acompañan el despliegue de la micromovilidad para evitar exclusiones.
Seguridad: evidencia empírica y nuevas funciones
La seguridad de los vehículos eléctricos ligeros sigue siendo una preocupación pública.
Un estudio de TRL sobre 30 millones de viajes en e-scooters operados por Voi en el Reino Unido entre agosto de 2026 y octubre de 2026 identificó solo 23 lesiones graves, lo que llevó a los autores a describir estos sucesos como «extremadamente raros«. No obstante, el análisis mostró que el riesgo de lesiones es aproximadamente 1,5 veces mayor en e-bikes que en e-scooters, una conclusión que desafía percepciones comunes.
Además, TRL observó que las tasas de lesiones en el Reino Unido son superiores a las registradas en algunos países europeos, lo que sugiere la existencia de lecciones regulatorias y operativas por aprender. La ausencia de una legislación permanente para los e-scooters en el Reino Unido añade complejidad: su uso está permitido solo mediante ensayos gubernamentales, y la circulación de dispositivos privados en vías públicas sigue siendo ilegal.
Innovaciones orientadas a seguridad
Como respuesta, operadores como Voi han lanzado mejoras: un Safety Centre que permite compartir la ubicación en tiempo real con contactos de confianza, y un sistema mejorado de comprobación fotográfica Otras medidas incluyen descuentos por uso de casco, modos de velocidad reducida, detección de conducción bajo efectos y programas de formación que premian a quienes completan módulos de seguridad. Estas iniciativas combinan tecnología y políticas de usuario para reducir riesgos y fomentar un uso responsable.
Mercado global y proyecciones: hacia la integración multimodal
La expansión de la micromovilidad no ocurre en vacío: forma parte de un mercado de transporte terrestre más amplio en crecimiento. Un informe de análisis del sector prevé que el mercado global de transporte de pasajeros por tierra pasará de $704.31 mil millones en 2026 a $763.43 mil millones en 2026, con una tasa anual compuesta del 8.4%. Las proyecciones apuntan a alcanzar aproximadamente $1.07 billones para 2030, impulsadas por la densificación urbana, la electrificación de flotas y la integración de plataformas multimodales.
Factores como la inversión en ciudades inteligentes, la demanda de opciones de baja emisión y la optimización basada en datos favorecen la coexistencia entre transporte masivo y micromovilidad. Plataformas digitales que conectan modos —desde autobuses con conectividad a bordo hasta servicios a demanda— facilitan el primer y último kilómetro y convierten a los e-mopeds en complementos valiosos dentro de una estrategia integrada de movilidad.
Implicaciones para políticas y operadores
Para que los beneficios de la micromovilidad se distribuyan equitativamente se requieren marcos regulatorios claros, incentivos para tarifas sociales y coordinación con el transporte público. Operadores y autoridades deben cooperar en el diseño de zonas de aparcamiento, estándares de seguridad y modelos tarifarios que no penalicen a quienes ya enfrentan cargas económicas por escoger vivienda más asequible. En conjunto, la evidencia empírica y las proyecciones de mercado indican que la micromovilidad puede mejorar la eficiencia del sistema de transporte, siempre que se entienda y se gestione su impacto económico y social.


