El paisaje de la infraestructura digital está cambiando con movimientos tan visibles como invisibles: por un lado, la desinstalación de un cable que hizo posible el Internet global; por otro, decisiones legislativas y proyecciones de mercado que marcan la agenda tecnológica. Este texto reúne tres hilos relacionados: la retirada de un cable transoceánico pionero, la aprobación de la Undersea Cable Protection Act en la Cámara de Representantes de EE. UU.
y las estimaciones de crecimiento del mercado de componentes de fibra óptica para la próxima década. Juntos explican por qué la conectividad física y las reglas que la gobiernan son hoy un asunto estratégico y económico.
Las implicaciones abarcan aspectos técnicos, ambientales y comerciales. Mientras técnicos y operadores reconstruyen rutas o retiran tendidos históricos, legisladores y reguladores debaten permisos, tarifas y seguridad. Al mismo tiempo, analistas financieros proyectan un mercado en expansión para los componentes que sostienen las redes modernas.
A continuación se detallan estos elementos para comprender cómo convergen y qué puede esperarse en los próximos años.
Retirada del cable histórico y su ecosistema técnico
La desinstalación de un cable transoceánico pionero simboliza el fin de una etapa en la evolución de la red global. Aunque el proceso de extracción resultó técnicamente complejo, involucró equipos especializados para recuperar longitudes de fibra enterrada u anclada al lecho marino.
El trabajo exigió coordinación entre buques, robots submarinos y unidades de reparación, y puso de relieve la fragilidad y la longevidad de estas infraestructuras: mientras que el cable transoceánico marcó el inicio de las comunicaciones digitales intercontinentales, hoy su retirada plantea decisiones sobre reciclaje, recuperación de materiales y mitigación del impacto en hábitats marinos.
Desde el punto de vista técnico, los retos incluyeron preservar la integridad de la fibra durante la extracción y gestionar residuos asociados a componentes metálicos y revestimientos.
Operadores y autoridades costeras tuvieron que compatibilizar las operaciones con restricciones ambientales locales, y en algunos casos coordinar con institutos oceanográficos para minimizar efectos en fauna y fondos marinos. La operación también recordó que la infraestructura física —cables, repetidores y puntos de amarre— requiere planificación a largo plazo y presupuestos para mantenimiento y reemplazo.
Política y regulaciones: la Undersea Cable Protection Act
El 218–212 a favor en la Cámara de Representantes aprobó H.R. 261, conocida como Undersea Cable Protection Act, una medida que quita a la NOAA la facultad de exigir permisos adicionales a operadores de cables cuando ya existe una autorización federal o estatal válida. La votación, celebrada con un resultado enteramente partidista, plantea un nuevo equilibrio entre agilidad para desplegar infraestructura y protección de áreas marinas protegidas. Según sus promotores, la ley reduce redundancias burocráticas que ralentizan la instalación y reparación de cables submarinos, algo que consideran vital ante demandas elevadas de capacidad por la inteligencia artificial y necesidades de seguridad nacional.
Sin embargo, críticos y organizaciones conservacionistas sostienen que la reforma socava la capacidad de imponer condiciones ambientales y cobrar tarifas justas cuando empresas privadas atraviesan áreas públicas. En el debate estuvieron presentes preocupaciones sobre arrecifes, rutas migratorias y la financiación del mantenimiento de santuarios marinos. H.R. 261 ahora se traslada al Senado, donde su futuro dependerá del apoyo bipartidista y de los umbrales procedimentales que rigen esa cámara.
Implicaciones para la seguridad y la economía
Dos fuerzas impulsaron el impulso legislativo: por un lado, el auge de la infraestructura vinculada a proyectos de IA y centros de datos, que requieren mayor capacidad y rapidez en el despliegue; por otro, incidentes de cortes y sabotajes en cables en regiones como el Báltico, que han incrementado la preocupación por la resiliencia de las rutas. Los defensores de la ley argumentan que facilitar permisos acelera las reparaciones y fortalece la seguridad, mientras que opositores temen menos controles y menores garantías medioambientales.
Mercado de componentes de fibra óptica: cifras y perspectivas
Un informe publicado el 23 de febrero de 2026 por SNS Insider sitúa el tamaño del mercado de componentes de fibra óptica en USD 31.51 mil millones en 2026, con una proyección que lo llevaría a USD 76.46 mil millones en 2035, a una tasa compuesta anual del 9.27% entre 2026 y 2035. Estas cifras reflejan la demanda creciente tanto en telecomunicaciones como en aplicaciones industriales y médicas. Los segmentos destacados incluyen transceptores, que en 2026 concentraron alrededor del 35% del mercado, y las tasas de datos superiores a 100 Gbps, que lideraron la participación con más del 39%.
La expansión se apoya en la urbanización y digitalización en economías emergentes, además de inversiones en data centers y redes de alta capacidad. El informe también subraya que Norteamérica dominó con un 38% del ingreso en 2026, mientras que Asia-Pacífico aparece como la región de mayor crecimiento proyectado debido a industrialización y despliegues masivos de redes. Innovaciones como co-packaged optics y soluciones para infraestructura de IA fueron citadas como motores tecnológicos recientes que influyen en el mercado.
Consecuencias para operadores y reguladores
La confluencia de una mayor inversión, presión regulatoria para agilizar despliegues y debates sobre protección marina impone un nuevo escenario para operadores, fabricantes y autoridades. Las empresas buscan optimizar costos y tiempo de despliegue mientras las autoridades tratan de conciliar protección ambiental con necesidades estratégicas. El resultado práctico podría traducirse en contratos más rápidos, mayor demanda de componentes de alta capacidad y una urgencia por establecer marcos de gobernanza que sean técnicamente sólidos y ambientalmente responsables.
R. 261 y las proyecciones del mercado de componentes trazan una hoja de ruta donde la infraestructura física, la normativa y la economía deben coordinarse. La forma en que se equilibren rapidez, seguridad y conservación marcará el ritmo de la conectividad global en los años venideros.


