Investigadores de China han desarrollado una nueva clase de electrolitos que podría cambiar la forma en que pensamos sobre las baterías de litio en entornos fríos. Empleando hidrofluorocarbonos monofluorados (HFC) como disolventes, el equipo logró celdas con una densidad energética cercana a 700 Wh kg−1 a temperatura ambiente y aproximadamente 400 Wh kg−1 a −50 °C. Estos resultados, publicados en Nature, representan un avance notable respecto a las formulaciones convencionales y apuntan a usos en vehículos eléctricos, aeroespacio y almacenamiento de red en climas extremos.
El estudio fue publicado el 27/02/2026.
La innovación no proviene sólo de añadir fluoro a moléculas existentes, sino de rediseñar la solvación y la interacción entre el catión litio (Li+), el anión y las moléculas del disolvente. Al modular la bien definida estructura electrónica y la geometría estérica de los solventes, los científicos facilitaron la disolución de sales de litio a concentraciones útiles (>2 mol L−1) y mejoraron la movilidad iónica a temperaturas muy bajas.
Qué aporta el electrolito HFC
El punto central de la propuesta es usar HFC monofluorados que sustituyen el esquema tradicional de coordinación litio–oxígeno de los electrolitos carbonatados. Estas nuevas moléculas reducen la fuerza de ciertas interacciones que frenan el transporte de iones, lo que se traduce en una conductividad iónica superior en rangos de temperatura donde las formulaciones habituales fallan. Además, los investigadores reportan baja viscosidad y alta estabilidad oxidativa en algunas composiciones, parámetros clave para lograr celda completa con alta energía específica.
Propiedades destacadas
Entre las características más relevantes el artículo destaca valores concretos: una baja viscosidad en algunos solventes específicos (por ejemplo, ≈0.95 cP para una de las formulaciones), estabilidad oxidativa>4.9 V y una conductividad iónica medible incluso a −70 °C en pruebas de laboratorio. Estas cifras ayudan a explicar cómo es posible conservar cerca de 400 Wh kg−1 a −50 °C, un rendimiento que supera ampliamente a las baterías comerciales actuales en condiciones similares.
Implicaciones prácticas y desafíos
Si se traduce fuera del laboratorio, esta química podría permitir vehículos eléctricos con mayor autonomía y equipos aeroespaciales o robóticos que funcionen en entornos árticos o estratosféricos sin sistemas térmicos complejos. No obstante, todavía existen retos: la escalabilidad, la seguridad en procesos industriales, el coste de síntesis de los solventes fluorados y la integración con electrodos prácticos en celdas tipo pouch o cilindro. La transición de una demostración científica a un producto comercial requiere pruebas de ciclo a largo plazo, compatibilidad con manufactura y certificaciones de seguridad.
Comparación con tecnologías actuales
Para ponerlo en perspectiva, los packs comerciales líderes ofrecen densidades en torno a 250–255 Wh kg−1 a nivel de paquete; por tanto, una mejora a ~700 Wh kg−1 a nivel celular, incluso si se reduce al integrarse en sistemas reales, sería transformadora. Además, la capacidad de mantener rendimiento a −50 °C aborda una de las limitaciones más claras de las baterías basadas en electrolitos carbonatados, que ven caer su conductividad y potencia en frío.
Qué sigue: pasos hacia la madurez tecnológica
Los autores del estudio presentan una cartera de moléculas monofluoradas sintéticas y demuestran su eficacia en ensayos de laboratorio; la siguiente fase incluye optimización de electrodos, pruebas de seguridad a gran escala y evaluación del ciclo de vida. También será necesario adaptar procesos químicos industriales para producir estos solventes con costes y huella ambiental controlada. Si se supera ese camino, las aplicaciones podrían expandirse desde la movilidad eléctrica hasta misiones espaciales que exigen baterías ligeras y robustas frente al frío.
El trabajo, publicado el 27/02/2026 en Nature, marca un hito experimental, aunque su aplicación comercial exigirá más desarrollo e inversión.

