En los últimos años, la industria de las baterías ha vivido un crecimiento notable, impulsado principalmente por el auge de los vehículos eléctricos (EV). Sin embargo, este fenómeno no se distribuye de manera equitativa en todas las regiones del mundo. En países como Hungría, la producción de baterías de litio se destina mayoritariamente a mercados de automóviles en Europa Occidental, donde los consumidores tienen mayor capacidad adquisitiva y una mayor disposición a adoptar tecnologías de energía limpia.
Esto plantea una pregunta crucial: ¿cómo afecta esta dinámica a la percepción de los residentes locales sobre la transición energética?
Expertos como Bartók señalan que la mayoría de los húngaros no pueden permitirse un vehículo eléctrico y, en cambio, suelen optar por automóviles usados de más de diez años de antigüedad, generalmente impulsados por diésel o gasolina. Esta desconexión entre la producción de baterías y el consumo local puede generar sentimientos de alienación en las comunidades donde se instalan estas fábricas.
Desafíos en la adopción de vehículos eléctricos
A pesar de la creciente inversión de fabricantes de baterías chinos en diversas partes del mundo, no todas las iniciativas han prosperado. De los 68 proyectos de inversión identificados, al menos cinco han sido suspendidos o cancelados, incluso en fases avanzadas de construcción. La razón detrás de esto radica en la lenta adopción de vehículos eléctricos en mercados que inicialmente parecían prometedores.
Las empresas chinas de baterías lanzaron planes de expansión global en un contexto de generosos subsidios gubernamentales y créditos fiscales para la compra de EVs. Sin embargo, la situación ha cambiado y muchos países están reconsiderando sus políticas. Por ejemplo, la Inflation Reduction Act en Estados Unidos, que inicialmente incentivó la construcción de fábricas, vio sus beneficios reducidos bajo la administración de Donald Trump. Europa, que se había comprometido a eliminar la producción de automóviles a gasolina para 2035, también está reevaluando su enfoque.
Adaptación a un nuevo contexto
El cambio en la política y la percepción del mercado ha llevado a algunas empresas a revisar sus estrategias. Algunas fábricas han comenzado a diversificar su producción, trasladándose de la fabricación de baterías para vehículos eléctricos a la producción de baterías de almacenamiento energético. Un buen ejemplo de esto es Ford, que ha decidido cambiar su enfoque en una planta de Michigan, que utilizará tecnología de manufactura de la empresa CATL. De manera similar, Envision AESC ha optado por reconvertir su planta en Tennessee para centrarse en el almacenamiento energético.
El interés por las baterías de almacenamiento es considerable, ya que permiten la integración de energía renovable, previniendo cortes de energía y facilitando a los consumidores la posibilidad de vender electricidad a la red. Sin embargo, no todos están contentos con este cambio; por ejemplo, la compañía nacional de servicios públicos de Pakistán y los bancos chinos que financian sus operaciones ven con preocupación el aumento de la competencia en este sector.
Transferencia de tecnología y capacitación local
Para los gobiernos y empresas que colaboran con los fabricantes de baterías chinos, el objetivo principal es claro: intercambiar acceso al mercado y subsidios a cambio de la promesa de que estas compañías capacitarán a trabajadores locales en la producción de baterías de última generación. Este intercambio de conocimientos refleja un giro irónico en la industria automotriz global.
Durante las últimas tres décadas, los fabricantes de automóviles de Estados Unidos, Europa, Japón y Corea del Sur estaban dispuestos a compartir su experiencia tecnológica a cambio de acceso al vasto mercado chino. Ahora, sin embargo, esa dinámica se ha revertido, y las empresas chinas están liderando el camino en la transferencia de tecnología y la creación de empleos en los países donde establecen sus fábricas.
La expansión de los fabricantes de baterías chinas tiene el potencial de transformar la movilidad eléctrica a nivel global, pero también presenta desafíos significativos en términos de percepción local y sostenibilidad a largo plazo. A medida que el mundo se adapta a esta nueva realidad, el papel de la capacitación y la colaboración local se vuelve cada vez más crucial.

