El presidente firmó una orden ejecutiva que impone un arancel general del 10% sobre una amplia gama de importaciones. La medida llegó pocas horas después de su dura reacción contra la Corte Suprema, que había anulado su política comercial anterior. ¿Qué hay detrás de esta respuesta y qué significa para el equilibrio entre Ejecutivo y Poder Judicial?
Qué cambió y por qué ahora
La nueva orden grava con un 10% los productos importados en sectores muy diversos.
Desde la Casa Rosada la presentan como una defensa de la industria local y como un escudo para los puestos de trabajo que, según el gobierno, quedaron en riesgo tras la decisión judicial. La firma de la orden, además, parece una reacción directa al fallo de la Corte, lo que añade una capa política a una medida que, en apariencia, es económica.
Tono y confrontación
Tras el revés judicial el presidente atacó con dureza a los magistrados, calificándolos de “desgracia”.
Ese lenguaje sube la temperatura del debate público y pone en primer plano la tensión entre quienes consideran legítimo el uso de herramientas ejecutivas y quienes ven en ello un intento de sortear controles institucionales.
Reacciones dentro del país
La medida cosechó apoyos previsibles: sindicatos y sectores productivos vinculados a la manufactura celebraron la iniciativa como una manera de proteger el empleo. En el otro extremo, cámaras empresariales y cadenas minoristas alertaron sobre el aumento en el costo de insumos y la presión inmediata sobre los precios al consumidor.
Para muchas empresas que dependen de componentes importados, un arancel uniforme encarecerá la producción y forzará ajustes en la cadena de valor.
Riesgos macroeconómicos
Economistas señalan que, más allá de favorecer a industrias específicas, un impuesto de este tipo puede alimentar la inflación y reducir la competitividad en sectores integrados globalmente. El efecto neto dependerá de cuántas empresas trasladen ese sobrecosto al público y de la capacidad del gobierno para acompañar la medida con políticas compensatorias.
Horizonte jurídico: ¿más litigios?
Varios juristas anticipan que la orden no quedará sin respuesta en los tribunales. La discusión estará centrada en si el Ejecutivo puede invocar facultades extraordinarias para imponer un gravamen de alcance tan amplio. Si los tribunales vuelven a cuestionarla, el conflicto institucional se prolongará y el gobierno podría verse forzado a ajustar el instrumento o buscar otras vías.
Impacto internacional y posibles represalias
En el plano externo, socios comerciales afectados podrían activar mecanismos multilaterales o responder con medidas propias. Esa reacción aumentaría el riesgo de una escalada arancelaria que complicaría aún más las relaciones diplomáticas y comerciales, con efectos negativos para las exportaciones y la inversión extranjera.
Efectos inmediatos en los mercados
La reacción no se hizo esperar: divisas y acciones de empresas ligadas al comercio exterior mostraron volatilidad. Las compañías tendrán que evaluar si rediseñan sus suministros, trasladan costos o reducen márgenes. La incertidumbre, por ahora, pesa tanto como el propio arancel.
Escenarios por delante
En los próximos días es probable que se presenten recursos judiciales y que algunos gobiernos inicien conversaciones bilaterales para evitar represalias. La administración tiene varias opciones: mantener el arancel como herramienta de negociación, reducir su alcance para aminorar el costo político y económico, o retirar la medida si los tribunales lo obligan. Cada camino acarrea consecuencias distintas, y la tensión entre eficacia económica y límites institucionales seguirá siendo el eje del debate.


