El informe del ActivTrak Productivity Lab en su análisis 2026 sobre el estado del trabajo muestra que la llegada rápida de inteligencia artificial no ha simplificado la distribución del tiempo laboral como muchos anticipaban. En lugar de reducir la carga, los datos indican un crecimiento notable en la actividad fuera del horario tradicional: el trabajo en fin de semana aumentó más del 40% y ahora se registra actividad mensurable desde las 7:11 a.m.
del sábado. Estos indicadores invitan a cuestionar no solo cuánto se trabaja, sino cómo se organiza ese tiempo y qué herramientas están en juego.
El estudio se apoya en una base amplia: más de 443 millones de horas de actividad digital registradas entre más de mil organizaciones. A partir de ese volumen de datos se observó una ligera reducción de la jornada laboral promedio, de casi un 2%, mientras que la intensidad y la fragmentación de las tareas crecieron.
Es decir, las personas pasan menos tiempo continuo en tareas profundas y más tiempo cambiando entre aplicaciones, conversaciones y herramientas digitales, muchas de ellas potenciadas por IA.
Transformación en los hábitos: colaboración, multitarea y atención
Las cifras del informe muestran cambios claros en el comportamiento laboral: la colaboración aumentó un 34% y la multitarea subió un 12%. Al mismo tiempo, el tiempo de enfoque ininterrumpido cayó al nivel más bajo de los últimos tres años.
Este fenómeno sugiere que aunque las herramientas permiten realizar tareas más rápido o automatizar pasos, también amplifican las interrupciones y multiplican los canales de comunicación. El resultado es un entorno donde la actividad total sube, pero la profundidad del trabajo se erosiona.
Incremento del uso de canales y aplicaciones
Tras la adopción de IA, el tiempo dedicado a diversas categorías creció notablemente: el correo electrónico se incrementó en un 104% y las plataformas de chat y mensajería en un 145%.
Este desplazamiento hacia múltiples canales refleja una mayor dependencia de herramientas digitales para coordinar tareas y validar resultados, pero también contribuye a la fragmentación cognitiva. En términos prácticos, más pestañas y conversaciones no equivalen necesariamente a mayor valor entregado.
Subutilización y riesgo de desenganche
El informe identifica la subutilización como un punto crítico: empleados que permanecen por debajo de las horas productivas esperadas durante el día. Ese fenómeno, combinado con el aumento general de actividad, ha impulsado el riesgo de desenganche hasta afectar al 23% de la plantilla, frente al 19% anterior. En otras palabras, mayor actividad acumulada no se traduce automáticamente en mejores resultados; parte del tiempo ganado con IA deriva en tareas de bajo impacto o en periodos de desconexión que no generan valor medible.
Herramientas, gobernanza y redistribución de la capacidad
Uno de los hallazgos complementarios apunta a la proliferación de herramientas: muchas organizaciones usan varias soluciones de IA al mismo tiempo, lo que genera lo que se conoce como sprawl de plataformas. Cuando la capacidad aumenta por la presencia de IA pero no cambia la estructura de asignación de trabajo, el tiempo extra tiende a dispersarse en tareas menos relevantes. Es similar a instalar un motor más potente en un vehículo sin actualizar el sistema de navegación: se gana velocidad, pero si no se define el rumbo, se desperdicia el impulso.
Qué pueden hacer las empresas
Para convertir la mayor capacidad en resultados tangibles, las organizaciones deben priorizar la gobernanza de IA, consolidar herramientas y definir casos de uso de alto impacto. Medidas como estandarizar plataformas, formar equipos en prácticas efectivas y establecer métricas de resultado (no solo de actividad) ayudan a canalizar el tiempo liberado hacia tareas de valor. Solo así se evitará que la ampliación de la semana laboral derive en ocupación improductiva y en mayor riesgo de desenganche.

