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La jubilación de Sierra: razones, proceso y legado de una supercomputadora

La supercomputadora Sierra, que operó durante siete años en el Lawrence Livermore National Laboratory, fue retirada tras quedar obsoleta y por motivos de seguridad y logística; este texto explica las causas, el proceso de desmantelamiento y el papel de su sucesor, El Capitan

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En el Lawrence Livermore National Laboratory del norte de California, la supercomputadora conocida como Sierra completó su ciclo operativo tras siete años dedicada a ejecutar simulaciones de alta seguridad para la administración nuclear. Aunque nunca estuvo «viva», su funcionamiento intenso, su arquitectura híbrida basada en IBM Power9 y Nvidia Volta V100 y su papel en la investigación y defensa la convirtieron en un recurso estratégico. La decisión de retirarla obedeció a factores técnicos, económicos y de seguridad, además de la llegada de sistemas más potentes.

El desmantelamiento de una máquina como Sierra no es un simple apagado: implica coordinación entre científicos, técnicos y equipos de seguridad para preservar datos clasificados, gestionar residuos electrónicos y preparar el espacio para el sucesor en la misma ubicación física. A continuación se detallan las razones técnicas, el procedimiento de baja y lo que significa su reemplazo.

Por qué dejar de operar una supercomputadora

Las máquinas de alto rendimiento envejecen tanto por desgaste físico como por obsolescencia tecnológica.

En informática de gran escala existe un patrón de fallos conocido como la curva de bañera, que describe tasas iniciales de defectos, una etapa estable de bajo fallo y un incremento final por degradación. Tras años de uso intensivo, los componentes pasivos y activos empiezan a fallar con mayor frecuencia, las piezas dejan de fabricarse y los costes de mantenimiento suben.

Compatibilidad y soporte

Otro motivo clave es la falta de soporte del fabricante: tanto los componentes físicos como el sistema operativo y las herramientas asociadas requieren actualizaciones y repuestos.

En el caso de Sierra, algunos componentes ya no estaban en producción y la versión de Red Hat Enterprise Linux que utilizaba dejó de recibir soporte, lo que dificultaba mantener niveles de seguridad y fiabilidad aceptables.

El papel de la nueva generación: El Capitan

El advenimiento de sistemas más potentes como El Capitan también reduce la justificación para seguir operando equipos anteriores. El Capitan incorpora arquitecturas modernas con AMD Instinct MI300A y memoria compartida entre CPU y GPU, alcanzando un rendimiento varias decenas de veces superior y un consumo energético mayor en picos, pero con eficiencia por operación muy mejorada.

Esta capacidad hace que concentrar recursos en la nueva plataforma sea más eficiente para la misión del laboratorio.

Rendimiento y economía

Sierra llegó a ofrecer picos cercanos a 94.64 petaflops, pero El Capitan puede operar en el rango de exaflops, multiplicando por un factor significativo la potencia disponible para simulaciones. Mantener Sierra implicaría invertir en piezas difíciles de obtener y en personal para su mantenimiento, mientras que la concentración de trabajo en El Capitan optimiza costes, seguridad y soporte técnico a gran escala.

El proceso de desmantelamiento y la seguridad de los datos

Apagar una supercomputadora crítica se hace en fases: comunicación a usuarios para que guarden sus trabajos, bloqueo de nuevas piezas y desconexión gradual de nodos de cómputo y switches, dejando Es habitual vaciar circuitos de refrigeración y comprobar parámetros medioambientales; en Sierra, por ejemplo, se drenaron y analizaron miles de galones de agua de refrigeración para garantizar que no presentaban riesgos.

La eliminación física exige medidas extremas cuando el equipo ha albergado información sensible. Componentes con memoria flash son pulverizados hasta polvo para impedir la recuperación de datos; discos magnéticos se someten a desmagnetización certificada con imanes especiales; baterías de litio se envían a gestores especializados. Otros elementos reciclables se trituran y se procesan externamente, mientras que lo no reciclable se destruye conforme a protocolos de seguridad.

Algunas supercomputadoras terminan en museos o se venden en piezas, pero la demanda por sistemas antiguos es reducida, por lo que el reciclaje es la norma. Sierra dejó unas pocas piezas reutilizables y, tras su desmantelamiento, permanecerán en el recinto las estructuras antisísmicas y las conexiones de potencia y refrigeración para anclar al sucesor. Históricamente, retiros como el de Sierra han incluido ceremonias discretas o simbólicas; la emoción recae más en los usuarios científicos que en los equipos de TI.

Mirando hacia adelante, existen dos escenarios: uno en el que la interoperabilidad entre generaciones se vuelva tan fluida que las máquinas se renueven pieza a pieza sin «muerte» formal, y otro en el que la falta de avances disruptivos reduzca la necesidad de nuevas generaciones. Por ahora, la evolución sigue su curso: Sierra ha terminado su misión y deja paso a plataformas más potentes que continuarán con las tareas críticas de simulación.

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Escrito por Staff

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