China ha llevado al océano dos experimentos que hasta ahora se veían sobre todo en laboratorios: la extracción de uranio desde agua de mar y un prototipo solar que promete atrapar litio mientras produce agua desalinizada. Ambos hitos se probaron en condiciones reales, pero todavía quedan muchas preguntas sobre si pueden convertirse en soluciones prácticas y rentables.
Qué se hizo y quién lo hizo
– En instalaciones vinculadas a la industria nuclear, equipos chinos instalaron una plataforma de ensayo para poner a prueba adsorbentes en ambiente marino: corrientes, incrustaciones biológicas y corrosión.
El comunicado oficial afirma que recuperaron alrededor de 1 kilogramo de uranio, una muestra de que la operación puede controlarse en el mar.
– Al mismo tiempo, investigadores universitarios presentaron un prototipo llamado SPSE. Es un dispositivo tipo “balancín” que usa energía solar y movimiento mecánico para concentrar iones Li+ en la superficie, facilitar su captura mediante materiales adsorbentes y, de paso, evaporar agua para producir cierto grado de desalinización.
Pruebas en “condiciones reales”, pero con información parcial
Los equipos reportan ensayos oceánicos recientes y la revista Device publicó los resultados del prototipo SPSE el 4 de febrero.
Sin embargo, los comunicados dejan fuera datos clave: rendimiento energético, costes por kilogramo recuperado, número de ciclos útiles de los materiales y balances completos. Esos vacíos impiden evaluar si las demostraciones son sólo simbólicas o un paso hacia la industrialización.
¿Por qué interesa extraer uranio y litio del mar?
Aunque sus concentraciones en el agua de mar son extremadamente bajas, los volúmenes oceánicos contienen cantidades totales enormes de uranio y litio.
Si alguna tecnología logra hacerlo de forma eficiente y sostenible, podría reducir la dependencia de minas terrestres y cambiar parte de la geopolítica de materias primas. La cuestión práctica es otra: ¿vale la pena, ambiental y económicamente, extraer estos elementos del mar?
Principio técnico detrás de ambas aproximaciones
– Uranio: se usan materiales adsorbentes que atrapan iones en contacto con el agua. La clave está en mantener alta selectividad y durabilidad frente a corrosión y biofouling.
– Litio: el desafío es mayor. Iones como el sodio están presentes en concentraciones miles de veces superiores y compiten por los mismos sitios activos. Por eso los esfuerzos se centran en mejorar la selectividad del adsorbente y la eficacia del proceso de concentración.
¿Qué aportó la demostración china de uranio?
El anuncio de aproximadamente 1 kg de uranio es una prueba de concepto realizada en mar abierto: demuestra que el sistema puede colocarse, operar y recuperarse. Pero faltan métricas determinantes: cuánta captura por ciclo, cuánto energía consume cada etapa, costes logísticos, vida útil del material y el impacto ambiental local. Recuperar uranio implica exponer y recuperar adsorbentes repetidamente, con implicaciones energéticas y operativas que podrían erosionar la viabilidad económica.
El prototipo SPSE para litio: cómo funciona y sus límites
El SPSE combina capas fototérmicas con un núcleo adsorbente en diseño sándwich. La energía solar ayuda a evaporar agua y concentrar Li+ en la superficie; el balanceo (unos 30 grados) promueve la autolimpieza al desprender costras salinas y sumergir el adsorbente para su regeneración. Los resultados indican un aumento notable en la concentración local de Li+ y mayor adsorción que en métodos puramente sumergidos. Además, el sistema aporta un efecto de desalinización que, si se optimiza, podría generar agua de mayor calidad.
No obstante, aparecen limitaciones claras: filtros basados en óxidos de manganeso se degradan tras decenas de ciclos y la durabilidad sigue siendo un problema. Los investigadores evalúan materiales alternativos como compuestos de titanio para mejorar la vida útil, pero no hay aún soluciones definitivas.
Lo que falta: evidencia robusta, escalado y evaluación ambiental
Ambos proyectos necesitan publicaciones revisadas por pares y balances energéticos detallados. Es fundamental disponer de datos reproducibles en entornos reales que cuantifiquen consumos, emisiones asociadas a la logística, efectos de la corrosión y el biofouling, y cualquier impacto sobre los ecosistemas costeros. Sin estas evaluaciones, la promesa se queda en etapas tempranas de demostración.
Implicaciones y siguientes pasos
Estos avances muestran que la transición desde el laboratorio hacia el mar es posible técnicamente. Sin embargo, convertir una demostración en una industria requiere una ruptura en materiales o procesos que reduzca costes y aumente la durabilidad. También será clave la transparencia: publicar datos completos permitirá a la comunidad científica y al sector industrial juzgar si estas vías pueden integrarse en un suministro realista y responsable de uranio o litio. Pero aún hay mucha distancia entre recoger unos gramos o kilos en un ensayo y establecer operaciones sostenibles a gran escala.


