El repentino recorte en las cotizaciones del sector de software ha encendido debates sobre el impacto comercial de la inteligencia artificial. En medio de una corrección marcada —con el iShares Expanded Tech-Software Sector ETF retrocediendo alrededor de un 24% este año—, los responsables de infraestructura pública ofrecen una lectura distinta: la transformación impulsada por modelos de lenguaje a gran escala cambia la forma de consumo del software, pero no anula la necesidad de potencia y servicios en la nube.
Matt Garman, director ejecutivo de Amazon Web Services, ha rechazado la idea de que la irrupción de soluciones nativas de IA provoque la desaparición masiva de los proveedores de software como servicio. Su argumento central es simple: independientemente de si las empresas construyen internamente, compran aplicaciones o adoptan enfoques híbridos, la demanda de capacidad computacional y de infraestructura cloud tenderá a crecer.
Contexto del ajuste y las preocupaciones del mercado
El retroceso bursátil se aceleró tras la aparición de nuevas funcionalidades impulsadas por grandes desarrolladores de modelos como OpenAI y Anthropic. Los inversores temen que la eficiencia de la IA reduzca márgenes, cambie patrones de gasto y, en algunos casos, desplace suscripciones tradicionales. A esto se suman factores macroeconómicos: presiones inflacionarias, tipos de interés elevados y presupuestos corporativos más restrictivos, que amplifican la sensibilidad frente a cualquier signo de desaceleración.
Reacciones y etiquetas: ¿apocalipsis o corrección?
Algunos analistas han calificado la venta masiva como una «apocalipsis de SaaS», una metáfora que expresa el temor a una caída estructural del modelo de negocio. Sin embargo, líderes del sector describen la situación como una sobrecorrección. La diferencia entre pánico y reevaluación radica en el horizonte temporal: los inversores están replanteando las expectativas de crecimiento a corto plazo, aunque las bases operativas de muchas compañías siguen siendo sólidas.
La perspectiva de aws y los indicadores operativos
AWS aporta datos que matizan la narrativa pesimista. Amazon comunicó que los ingresos de su división cloud subieron aproximadamente un 24% interanual hasta los 35.6 mil millones de dólares en el cuarto trimestre, y que el margen operativo se situó en torno al 35%. Estas cifras indican que, pese a la volatilidad en las acciones de software, el gasto en infraestructura no se ha evaporado y mantiene un ritmo robusto.
Clientes, compromisos y la cadena de valor de la ia
Además de alojar a grandes proveedores de aplicaciones empresariales, AWS continúa siendo la plataforma elegida por desarrolladores de IA que requieren enormes volúmenes de cómputo. En noviembre se hizo público un compromiso de gasto significativo por parte de un desarrollador de modelos, que ilustra la escala de recursos necesarios para entrenar y operar sistemas avanzados. En esencia, la capa de infraestructura se beneficia de la demanda que genera la propia adopción de IA.
Por otro lado, los fabricantes de aplicaciones muestran señales de moderación en el ritmo de crecimiento. Un ejemplo citado frecuentemente es ServiceNow, que declaró un crecimiento del 20.7% en el cuarto trimestre, frente a casi 26% dos años antes. Esta desaceleración no equivale a colapso: refleja una transición en la que la incorporación de funciones basadas en IA no siempre se traduce en saltos inmediatos de facturación.
Garman reconoce que la IA es disruptiva y cambiará cómo se construye y consume el software. No obstante, sostiene que los sistemas de registro y los proveedores consolidados conservan ventajas competitivas —relaciones con clientes, integración en procesos críticos y escala— siempre que continúen innovando.
La lección practica para empresas e inversores es doble: por un lado, anticipar reorganizaciones en modelos de negocio y métricas de crecimiento; por otro, reconocer que la demanda de infraestructura cloud y de servicios gestionados probablemente aumentará a medida que la inteligencia artificial se incorpore en procesos productivos y operativos. Así, lo que algunos ven como una «apocalipsis» quizás sea, más precisamente, una fase de reajuste y redistribución del gasto tecnológico.

