El mercado de la longevidad de lujo acaba de recibir otra oferta llamativa: Bryan Johnson presentó un programa exclusivo llamado Immortals con un precio de entrada de 1.000.000 de dólares por año. La propuesta, limitada a tres plazas, promete acceso continuo a una versión digital de su persona —BryanAI—, un equipo de concierge dedicado, pruebas extensivas y seguimiento permanente de millones de puntos biológicos.
Más allá del titular sensacionalista, conviene separar lo promocional de lo técnico.
Johnson, conocido por su trayectoria como fundador en fintech y por su transformación física pública, ha llevado prácticas biomedicas y rutinas de salud a la esfera mediática. Parte de su narrativa incluye decisiones controvertidas —por ejemplo, el uso de terapias poco convencionales— que alimentan el interés, pero también las preguntas sobre accesibilidad y evidencia científica.
Qué incluye «immortals» y por qué cuesta tanto
Según la presentación pública, el paquete Immortals incorpora: monitorización continua, miles de millones de puntos de datos biológicos, acceso a «las mejores terapias del mercado», protocolos de piel y cabello y una concierge que coordina investigaciones y citas.
Además, la oferta enfatiza la interacción 24/7 con BryanAI, una instancia de inteligencia artificial entrenada con sus métodos. El precio eleva el debate sobre qué parte corresponde a valor clínico real y qué parte es exclusividad y marca personal.
Valor clínico vs. valor percibido
Es importante distinguir entre protocolos validados y servicios personalizados que combinan pruebas avanzadas con intervenciones experimentales. Mientras que algunos elementos —como pruebas genéticas, imágenes y biomarcadores— pueden aportar información útil, la traducción de esos datos en intervenciones que prolonguen de forma demostrable la vida humana permanece en gran medida en investigación.
En este contexto, el precio puede reflejar la combinación de tecnología, personal médico de alto nivel y la promesa de acceso privilegiado.
El contexto: otras ofertas de salud de élite
La iniciativa de Johnson no nace en el vacío. Clínicas y startups de medicina preventiva han creado productos similares con tarifas anuales altas: por ejemplo, existe una membresía premium que ronda los 15.000 dólares al año en algunas clínicas de diagnóstico avanzado, y programas comerciales que cobran alrededor de 21.500 dólares al año.
Incluso algunas empresas ofrecen niveles «soportados» que bajan el coste pero siguen siendo inalcanzables para la mayoría. Frente a estos números, el millón anual de Johnson se posiciona como una oferta de ultra‑elite, reforzada por la limitación a solo tres participantes.
¿por qué los ultra‑ricos invierten en longevidad?
Para la élite, invertir en salud preventiva y experimentación biomédica funciona como una forma de transferencia de riesgo: acceso temprano a terapias emergentes, equipos dedicados y una interpretación multidisciplinar de datos. Además, existe un componente simbólico: gastar sumas extremas en bienestar actúa como señal social. Sin embargo, la eficacia real en términos de años añadidos y calidad de vida sigue siendo una pregunta abierta que exige ensayos clínicos y transparencia.
Implicaciones éticas y sociales
La proliferación de programas de longevidad exclusivos plantea dudas éticas. ¿Qué significa que el conocimiento y las terapias más avanzadas estén disponibles solo para unos pocos? ¿Cómo afectará esto a las prioridades de investigación pública? Además, la mezcla de autoexperimentación mediática y marketing personal —incluyendo anécdotas sobre procedimientos inusuales— complica la percepción pública de la ciencia. La salud pública se construye sobre accesibilidad y evidencia reproducible, no sobre relatos individuales aislados.
Finalmente, la oferta comercial también genera un debate sobre responsabilidad: los promotores de estas iniciativas deberían aclarar límites, riesgos y la solidez de las pruebas que respaldan cada intervención. Mientras tanto, el público general continúa recurriendo a medidas más simples y coste‑efectivas para mejorar su salud, desde actividad física regular hasta controles médicos básicos.
Conclusión
El lanzamiento de Immortals simboliza una tendencia clara: la tecnología y el capital intensivo están transformando la forma en que se vende la promesa de vivir más. Aunque iniciativas así atraen atención y recursos, es esencial mantener un enfoque crítico sobre la evidencia y las consecuencias sociales. La longevidad no es solo una cuestión técnica; es un reto colectivo que exige transparencia, equidad y rigor científico.

