El creador de OpenClaw, Peter Steinberger, informó en X que su cuenta fue temporalmente suspendida tras recibir un aviso de suspensión por «actividad sospechosa». La publicación, que llegó a mucha atención pública, incluyó la captura del mensaje que explicaba la medida y despertó un aluvión de comentarios que mezclaron técnica, teoría y política entre comunidades de desarrolladores.
Pocas horas después la cuenta apareció reinstaurada, aunque las razones exactas de la reversión no quedaron del todo claras.
En el hilo apareció además la intervención de un ingeniero de Anthropic, que aseguró que la compañía nunca ha bloqueado a usuarios por emplear OpenClaw y ofreció asistencia. Ese intercambio, público y contradictorio, aportó pistas útiles sobre las nuevas reglas comerciales y técnicas que están moviendo el paisaje de agentes y modelos de lenguaje.
El incidente y su resolución pública
La secuencia comenzó con la notificación de la suspensión y la posterior viralización del tuit; al poco, la cuenta fue recuperada.
En el proceso surgieron mensajes cruzados: por un lado, la comunicación oficial que mencionó actividad sospechosa; por otro, la declaración interna de un ingeniero de Anthropic que negó un bloqueo dirigido a usuarios de OpenClaw y ofreció ayuda. La inconsistencia entre aviso automatizado y la respuesta humana ilustra cómo las acciones técnicas (bloqueos, reglas de seguridad) y las decisiones comerciales pueden solaparse de forma confusa para desarrolladores y usuarios.
Antecedentes técnicos y la nueva política de precios
La tensión no surgió de la nada: Anthropic anunció que las suscripciones a Claude dejarían de cubrir harnesses de terceros como OpenClaw, obligando a que el uso de esos conectores se facture por separado a través de la API de Claude. En la práctica, esto convierte parte del uso en un cargo por consumo que algunos usuarios ya empezaron a llamar claw tax. Según la compañía, la decisión responde a que las suscripciones no estaban diseñadas para determinados patrones de uso que generan mayor demanda de cómputo.
Por qué Anthropic justificó el cambio
Anthropic explicó que claws y otros harnesses pueden implicar operaciones más intensivas: loops de razonamiento continuo, reintentos automáticos y conexión constante a múltiples herramientas externas, lo que incrementa significativamente el consumo de recursos. La compañía argumentó que aplicar una facturación por consumo a través de la API es la forma más ajustada de reflejar ese coste operativo y mantener la sostenibilidad de sus servicios sin degradar la experiencia de otros clientes.
Qué significa para OpenClaw y sus usuarios
Para quienes usan OpenClaw, el cambio obliga a ajustar expectativas: algunas integraciones que antes funcionaban con una suscripción estándar ahora generan cargos adicionales, y los desarrolladores deben decidir si migran pruebas y carga a alternativas o aceptan la facturación por consumo. El propio Steinberger afirmó que estaba cumpliendo la nueva regla y que había usado la API, por lo que en su opinión la suspensión no respondía a un incumplimiento técnico sino a una medida imprevista.
Reacciones públicas, rivalidades y pruebas cruzadas
En el hilo también se reflejó la dinámica competitiva: Steinberger, ahora empleado en OpenAI, recibió comentarios sobre su decisión de trabajar para uno u otro proveedor y respondió con una frase contundente señalando diferencias en trato: una empresa «lo recibió» y otra «envió amenazas legales», en referencia a episodios previos. Además explicó que su uso de Claude es para testing: mantiene OpenClaw compatible con varios proveedores, separando su labor en la OpenClaw Foundation del trabajo estratégico en OpenAI.
Varios usuarios recordaron que Claude sigue siendo popular entre la base de usuarios de OpenClaw, y que por ello las pruebas frente a ese modelo son necesarias para no romper compatibilidades. Ante preguntas sobre cambios futuros, Steinberger concluyó con un escueto «trabajando en eso», y no respondió a solicitudes formales de comentario. En conjunto, el episodio subraya cómo las decisiones de política de precios, los mecanismos automáticos de seguridad y las relaciones entre empresas pueden generar fricciones palpables para desarrolladores de herramientas abiertas.

