La expansión de la inteligencia artificial en entornos laborales plantea un desafío crítico: ¿cómo conservar el aprendizaje práctico que tradicionalmente adquirían los trabajadores jóvenes? Durante décadas, la relación entre tareas repetitivas y formación en el puesto fue una fórmula que permitió a recién incorporados ganar experiencia, mientras las empresas contaban con mano de obra asequible. Ahora, con sistemas automatizados capaces de ejecutar procesos rutinarios, ese equilibrio está en riesgo y surgen preguntas sobre la calidad de la formación profesional.
Este texto explora las consecuencias y propone vías de respuesta para organizaciones y jóvenes. Si bien la automatización aumenta la eficiencia, también puede reducir las oportunidades de aprendizaje cotidiano que forjaban habilidades técnicas y blandas. Es imprescindible entender cómo adaptar las prácticas de capacitación para que la tecnología complemente, y no sustituya, la curva de aprendizaje de la nueva generación.
¿por qué peligra la formación en el puesto?
La sustitución de tareas básicas por algoritmos o robots elimina las labores mediante las cuales los jóvenes solían practicar y equivocarse de forma segura. Cuando las empresas externalizan o automatizan labores de entrada, disminuyen las ocasiones para que los empleados aprendan a resolver problemas, interpretar errores y desarrollar juicio profesional. Ese proceso de ensayo y error es fundamental para madurar competencias técnicas y para construir confianza en roles con mayor responsabilidad.
Además, la presión por la productividad puede llevar a priorizar implementaciones tecnológicas sin diseñar rutas de desarrollo para el capital humano. En ausencia de mentoría activa, los empleados recientes pueden quedar relegados a tareas de supervisión o mantenimiento de sistemas en lugar de adquirir fundamentos operativos, lo que empobrece su crecimiento a largo plazo.
Cómo pueden responder las empresas
Las organizaciones tienen alternativas para evitar que la transformación digital anule la formación.
Incorporar planes de mentoría estructurados, rotaciones de puesto y proyectos que combinen trabajo manual y digital puede garantizar que los jóvenes obtengan experiencia práctica. Por ejemplo, en vez de eliminar una tarea, las empresas pueden diseñar procesos donde la persona supervisa la máquina, interpreta sus decisiones y aprende a intervenir cuando el sistema falla.
Programas de incorporación y aprendizaje híbrido
Un enfoque eficaz combina capacitación formal con entrenamiento en el puesto. Los programas de incorporación deben incluir módulos sobre funcionamiento de sistemas automatizados, junto a sesiones prácticas guiadas por profesionales senior. Estas experiencias híbridas permiten que los trabajadores comprendan tanto la tecnología como el contexto operativo, desarrollando competencias técnicas y juicio crítico.
Mentoría y proyectos reales
Asignar mentores y tareas con incidencia real —no simulaciones— ayuda a mantener la transmisión de conocimientos tácitos. Iniciativas que mezclan equipos multidisciplinares (ingeniería, operaciones, calidad) permiten que los jóvenes experimenten el ciclo completo de una solución: diseño, implementación y ajuste. Ese recorrido es clave para que la tecnología no reemplace la curva de aprendizaje humana.
Implicaciones para talento y reclutamiento
Los departamentos de talento deben adaptar descripciones de puestos y procesos de selección. Más allá de habilidades técnicas, las empresas deberían evaluar capacidad de aprendizaje continuo, pensamiento crítico y predisposición al trabajo colaborativo con IA. Ofrecer rutas de carrera donde la adquisición de experiencia práctica esté garantizada aumenta la retención y prepara a la empresa para enfrentar cambios tecnológicos continuos.
Además, fomentar alianzas con instituciones académicas y plataformas de empleo especializadas facilita la incorporación de perfiles junior mediante programas de prácticas y pasantías que combinan objetivos empresariales con formación. Estos acuerdos sirven como trampolín para jóvenes que necesitan experiencias reales y para empresas que requieren talento adaptable.
Hacia una cultura que priorice el aprendizaje
Las soluciones tecnológicas deben implementarse dentro de una cultura que valore el desarrollo humano. Promover espacios donde se comparta el conocimiento, documentar procesos y celebrar errores como oportunidades de aprendizaje fortalece la resiliencia organizacional. La ética y la responsabilidad social también entran en juego: las empresas tienen la obligación de no sacrificar la formación por la eficiencia inmediata.
En síntesis, la inteligencia artificial ofrece enormes ventajas operativas, pero su adopción exige replantear cómo se forman los jóvenes profesionales. Con programas de mentoría, aprendizaje híbrido y proyectos reales, las organizaciones pueden garantizar que la tecnología potencie en lugar de erosionar la experiencia laboral esencial.

