El proyecto conocido hoy como OpenClaw ha pasado de ser un experimento individual a convertirse en un foco de debate entre desarrolladores, empresas y equipos de seguridad. Su autor, Peter Steinberger, anunció que se unirá a OpenAI, y la plataforma se mantendrá como open source bajo el amparo de una fundación que recibirá apoyo. Al mismo tiempo, varias organizaciones tecnológicas han limitado o prohibido su uso por preocupaciones de ciberseguridad y privacidad.
La herramienta, que inicialmente apareció con nombres como Clawdbot y MoltBot, ganó tracción gracias a contribuciones externas y a la viralidad en redes. OpenClaw permite a usuarios con conocimientos básicos de ingeniería configurar agentes que, con poca supervisión, pueden controlar un equipo, acceder a aplicaciones y automatizar tareas como ordenar archivos, investigar en la web o gestionar correos.
De proyecto personal a movimiento público
Steinberger describió OpenClaw como un taller personal que atrajo atención inesperada.
Tras las conversaciones con varios laboratorios, decidió integrarse a OpenAI para acelerar el desarrollo. Según declaraciones públicas del liderazgo de OpenAI, el objetivo es impulsar la próxima generación de agentes personales y mantener el código dentro de una fundación para preservar su carácter abierto.
Ese compromiso con la apertura fue clave para Steinberger; la promesa de que OpenClaw seguiría disponible como open source influyó en su elección. OpenAI ha manifestado que apoyará el proyecto y que parte de su visión pasa por ecosistemas con múltiples agentes interoperando entre sí y con distintos proveedores de modelos.
Reacciones empresariales: prohibiciones y aislamiento
La expansión de OpenClaw llegó acompañada de advertencias internas en varias empresas. Un ejemplo es el mensaje enviado por Jason Grad a su equipo el 26 de enero, instando a mantener la herramienta fuera del hardware corporativo y de cuentas vinculadas al trabajo. Grad explicó la regla con la filosofía de «mitigar primero, investigar después» para cualquier elemento que pueda afectar a la compañía o a sus clientes.
En otra organización, Valere, un empleado compartió información sobre OpenClaw en un canal interno el 29 de enero y la dirección respondió prohibiendo su uso inmediato. La preocupación se centró en el riesgo de que un agente con acceso a una máquina de desarrollador pudiera alcanzar servicios en la nube, repositorios en GitHub o datos sensibles de clientes, incluida información financiera.
Medidas intermedias y pruebas controladas
Algunas empresas optaron por enfoques menos drásticos: permitir experimentos en entornos aislados. Valere llegó a autorizar pruebas en un equipo antiguo para detectar vulnerabilidades y proponer mitigaciones. Entre las recomendaciones figuraron restringir quién puede enviar órdenes al agente y proteger su panel de control con contraseña cuando esté expuesto a la red.
Otras firmas, como Massive, realizaron ensayos en máquinas aisladas en la nube y desarrollaron integraciones seguras, como ClawPod, que permite a agentes aprovechar servicios de proxy de manera confinada. Sin embargo, Massive mantiene la prohibición de ejecutar OpenClaw en sistemas de producción sin salvaguardas adicionales.
Riesgos técnicos y percepciones del sector
Expertos en seguridad y analistas han señalado que OpenClaw puede ser engañado y manipulado. Un ejemplo paradigmático es el riesgo de que el agente resuma correos: un mensaje malicioso podría contener instrucciones que induzcan al bot a compartir archivos o dar acceso a datos locales. Un informe de investigación indicó que existen instancias de OpenClaw expuestas en internet en cifras significativas, lo que aumenta la superficie de ataque.
Además, la evolución del nombre del proyecto —de Clawdbot a MoltBot y finalmente OpenClaw— se vio influida por tensiones con otras compañías. Anthropic expresó objeciones sobre la proximidad del nombre original a uno de sus productos, lo que llevó al autor a renombrarlo antes de su adopción más amplia.
Perspectiva sobre adopción y competencia
Con Steinberger dentro de OpenAI y el proyecto sostenido en una fundación, la expectativa del sector es que la idea de agentes que actúen en nombre de usuarios continuará ganando impulso. Históricamente, grandes proveedores han respondido a innovaciones así lanzando alternativas propias; es probable que veamos similares movimientos mientras la industria explora modelos de negocio y garantías de seguridad.
Para muchas organizaciones, el dilema actual es equilibrar la curiosidad por nuevas capacidades con la necesidad de proteger datos y sistemas. Algunas prefieren confiar en controles existentes que restringen aplicaciones en dispositivos corporativos; otras adoptan máquinas desconectadas para investigación. En cualquier caso, la discusión sobre OpenClaw subraya la necesidad de políticas claras y pruebas rigurosas antes de integrar agentes autónomos en entornos productivos.
En síntesis, OpenClaw representa tanto una promesa —agentes personales más capaces— como un reto de seguridad real. La decisión de su autor de colaborar con OpenAI y mantener el proyecto como open source marca un nuevo capítulo, pero la reacción de empresas y expertos recuerda que la adopción responsable requerirá controles técnicos, auditorías y límites claros sobre dónde y cómo pueden operar estos agentes.


