En el lanzamiento de la serie Galaxy S26, Samsung decidió mantener las tradicionales celdas de ion de litio en lugar de adoptar de entrada las denominadas baterías de silicio (o silicon carbon) que algunos competidores ya han empezado a usar. Esa elección ha generado preguntas entre usuarios y medios: ¿por qué no saltar a una tecnología que promete mayor densidad energética?
La respuesta oficial de la compañía apunta a una mezcla de seguridad, validación a escala y beneficios reales para el usuario.
Desde la multinacional explican que cualquier cambio de química debe superar pruebas extensas para garantizar rendimiento, durabilidad y seguridad en condiciones reales de uso.
Precauciones técnicas y validación en escala
Samsung ha subrayado que sus procesos de certificación no se limitan a ensayos de laboratorio: implican ciclos de uso prolongados, análisis térmicos y pruebas de integridad en escenarios diversos. La compañía considera que la implementación de una nueva química de batería debe demostrar mejoras tangibles en la experiencia diaria del cliente para justificar la transición.
Pruebas de seguridad y desgaste
Las baterías de silicio exhiben ventajas como mayor densidad energética, pero también presentan retos: mayor expansión volumétrica durante la carga y una tasa de degradación que, en algunos estudios, supera a la de las celdas convencionales. Esos factores obligan a rediseñar estructuras internas y gestionar el calor de forma más estricta, aspectos que Samsung evalúa cuidadosamente antes de introducirlos en un modelo de gama alta.
Escalado industrial y consistencia
La otra arista es la producción masiva. Un avance tecnológico puede funcionar bien en unidades limitadas, pero la fábrica y la cadena de suministro deben reproducirlo con consistencia y bajo costes sostenibles. Samsung apunta que sin datos de largo plazo a escala comercial no resulta prudente acelerar la inserción de esta tecnología en sus buques insignia.
Ventajas prometidas frente a riesgos reales
Hay motivos sólidos detrás del interés por las baterías de silicio: mayor capacidad teórica y potencial para ofrecer autonomías superiores sin aumentar el peso.
Firmas como OnePlus o Xiaomi ya han lanzado terminales con esta química, y los primeros informes apuntan a buenos resultados iniciales. Sin embargo, Samsung considera que no todas las ganancias proyectadas se traducen en mejoras perceptibles para el usuario medio.
Duración útil y degradación
Un punto crítico es la retención de capacidad a lo largo de años de uso. Algunas marcas aseguran que sus celdas mantienen un porcentaje elevado de capacidad tras varios años, pero la experiencia acumulada a gran escala aún es limitada. Samsung exige evidencia consistente de que la nueva batería no solo rinda mejor hoy, sino que conserve esos niveles con el paso del tiempo.
Riesgos de seguridad y precedentes
El historial de la industria refuerza la cautela: incidentes pasados de otros fabricantes enseñaron que un fallo en la batería puede derivar en problemas graves. Por eso, además de medir rendimiento, Samsung evalúa riesgos de hinchazón, calentamiento y estabilidad electroquímica para minimizar posibles fallos en dispositivos de alto volumen.
Qué significa esto para los usuarios y el futuro
En términos prácticos, la serie Galaxy S26 llega con mejoras en software, pantalla y funciones de inteligencia artificial, pero sin la transición inmediata a baterías de silicio. La compañía, no obstante, confirma que trabaja en esa dirección y que el objetivo es introducir la tecnología cuando sus pruebas demuestren beneficios reales y seguridad probada a gran escala.
Para el consumidor, la lectura más sensata es que Samsung prioriza la fiabilidad y la experiencia a corto y largo plazo. La adopción de nuevas químicas no se descarta; simplemente se demora hasta que la evidencia técnica y los protocolos de producción estén alineados. Mientras tanto, los usuarios pueden esperar optimizaciones en eficiencia y gestión energética derivadas del hardware y del software de la nueva generación.

