En un panorama dominado por proyectos como Neuralink y la iniciativa Merge Labs respaldada por OpenAI, una nueva compañía china ha emergido con ambiciones comparables en el terreno de las interfaces cerebro-computadora. Gestala, creada por el emprendedor Phoenix Peng, apuesta por una vía distinta: usar ultrasonido focalizado para leer y modular la actividad neural sin implantes. Esta aproximación pretende sortear los riesgos asociados a la cirugía y acceder a regiones profundas del cerebro que los electrodos implantados cubren de forma limitada.
La propuesta combina ingeniería de hardware, biomedicina y aprendizaje automático para interpretar señales cerebrales a gran escala.
La empresa anunció una inyección de capital de 21,6 millones de dólares (CN¥150 millones) apenas dos meses después de su lanzamiento, con una valoración situada entre 100 y 200 millones. La ronda fue co-liderada por Guosheng Capital y Dalton Venture, e incluyó aportes de Tsing Song Capital, Gobi Ventures, Fourier Intelligence, Liepin y Seas Capital; la suscripción superó los 58 millones en compromisos.
Gestala destinará estos fondos a I+D, ampliar su plantilla de 15 a unas 35 personas, montar una planta de fabricación en China y finalizar un prototipo de primera generación antes de cerrar el año.
Tecnología y ventajas del ultrasonido
El enfoque de Gestala se basa en ultrasonido focalizado y arrays phased para interactuar con redes neuronales sin abrir el cráneo. El ultrasonido focalizado emplea ondas acústicas de alta frecuencia dirigidas a puntos concretos, lo que permite tanto estímulo como supresión de actividad neural con mayor cobertura que electrodos superficiales.
Según la compañía, esta técnica ofrece acceso a circuitos profundos y la posibilidad de monitorizar amplias zonas cerebrales, lo que la posiciona como candidata a la siguiente generación de BCI. El uso de phased-array facilita la precisión espacial y temporal en la modulación, reduciendo la dependencia de procedimientos invasivos.
Aplicaciones clínicas y hoja de ruta
Gestala ha identificado al dolor crónico como su programa principal, apuntando a regiones como la corteza cingulada anterior, implicada en la percepción emocional del dolor.
Los ensayos piloto preliminares, según la compañía, muestran reducciones de intensidad dolorosa con efectos que pueden prolongarse días tras la sesión. Además del dolor, la empresa explora aplicaciones en salud mental —depresión, TEPT, trastornos del espectro autista y TOC— y en rehabilitación tras ACV. A más largo plazo figuran objetivos como Alzheimer, temblor esencial y Parkinson. En total, el equipo investiga entre seis y ocho indicaciones, la mayoría aún en fases de investigación temprana antes de estudios clínicos formales.
Dolor crónico: estrategia y formato
El primer dispositivo de Gestala está concebido para uso en centros médicos, donde los pacientes acuden a sesiones controladas; la hoja de ruta incluye desarrollar un casco portátil para uso domiciliario supervisado. Esta transición busca combinar la robustez de un sistema clínico con la comodidad de soluciones ambulatorias. La intención es iterar rápidamente entre prototipo y producción gracias a las cadenas de suministro integradas de China, lo que, según Peng, permite acelerar ciclos de validación y despliegue sin sacrificar control de calidad.
Investigación y límites actuales
Aunque la estimulación por ultrasonido tiene antecedentes clínicos en tratamientos específicos, la capacidad de interpretar señales cerebrales mediante ultrasonido plantea retos: el cráneo distorsiona ondas y la técnica suele medir cambios hemodinámicos más lentos que la actividad eléctrica neuronal. Estas limitaciones complican aplicaciones que requieren decodificación en tiempo real, como la traducción del habla. Gestala reconoce que la lectura fiable de estados cerebrales necesitará avances en hardware, algoritmos y conjuntos de datos clínicos extensos.
Competencia, colaboración y estrategias de escala
En un mercado global donde emergen startups similares, Gestala reivindica ventajas competitivas en velocidad y escala gracias al ecosistema manufacturero chino y acuerdos con grandes hospitales que abaratan y agilizan ensayos clínicos —estimando costes entre el 20% y 33% de estudios comparables en Occidente. La compañía también trabaja en un proyecto que denomina Ultrasound Brain Bank, una base de datos clínica destinada a entrenar modelos de IA capaces de decodificar señales cerebrales y apoyar diagnósticos neurológicos. Phoenix Peng defiende la utilidad de colaboraciones transfronterizas: China aporta capacidad clínica y cadenas de suministro, mientras que Estados unidos ofrece talento científico de alto nivel.
El avance de Gestala refleja el creciente interés por BCI no invasivas y plantea preguntas sobre ética, privacidad y regulación a medida que estas tecnologías maduren. Aunque aún experimentales y lejos del consumo masivo, si las promesas sobre dolor y trastornos neuropsiquiátricos se confirman, podríamos estar ante un cambio significativo en la forma de tratar y estudiar el cerebro, donde ultrasonido focalizado y IA convergen para crear nuevas herramientas clínicas.

