La unidad flash oficial de Raspberry Pi llega como una solución intermedia entre la clásica tarjeta microSD y las opciones más permanentes como los M.2 SSD. Disponible en capacidades de 128 GB y 256 GB, este pendrive busca cubrir necesidades de almacenamiento rápido y portátil para proyectos con Raspberry Pi y otros dispositivos.
Más allá de su aparente simplicidad, el dispositivo incorpora detalles que lo distinguen: una carcasa de aluminio pensada para disipar calor, soporte para SMART y TRIM, y velocidades de escritura que en el modelo de mayor capacidad alcanzan cifras sobresalientes.
A continuación se analizan diseño, rendimiento y casos de uso recomendados.
Diseño y construcción
La unidad viene protegida por una carcasa de aluminio que no solo aporta una estética sobria sino que, según las pruebas, ayuda a disipar el calor durante operaciones sostenidas. El logotipo de Raspberry Pi aparece grabado de forma profunda, un detalle de acabado que refleja la atención por la calidad. Este enfoque metálico reduce la acumulación de temperatura frente a muchas unidades plásticas comunes y añade durabilidad para entornos industriales o de trabajo intensivo.
Materiales y ergonomía
El uso de aluminio mejora la robustez y facilita el manejo térmico cuando la unidad ejecuta tareas prolongadas. En pruebas reales no se observaron problemas por exceso de calor, lo que la hace adecuada para servidores domésticos, cajas NAS pequeñas y equipos Raspberry Pi que requieren almacenamiento extra sin instalar componentes fijos.
Funciones técnicas y fiabilidad
Dos funciones técnicas merecen atención: el soporte para SMART y la compatibilidad con TRIM.
SMART permite monitorizar el estado de la memoria y anticipar fallos, algo crítico si se planea usar la unidad para sistemas de arranque o datos importantes. TRIM optimiza el rendimiento en unidades flash, manteniendo velocidades sostenidas y prolongando la vida útil del almacenamiento. Estas capacidades no son habituales en todas las unidades USB y su presencia refuerza la confianza para usos más exigentes.
Seguridad de datos y uso como unidad de arranque
Sin el soporte para SMART sería arriesgado confiar la unidad con información crítica o emplearla como sistema de arranque en instalaciones productivas. Gracias a estas funciones, la unidad se posiciona como una opción viable para arrancar sistemas en Raspberry Pi, siempre que el usuario realice copias de seguridad y monitorice la salud del dispositivo regularmente.
Rendimiento y pruebas
En términos de rendimiento, la versión de 256 GB destaca por ofrecer velocidades de escritura secuencial de hasta 150 MB/s, cifra que duplica a la de la variante de 128 GB en las pruebas realizadas. Esto es relevante porque muchas unidades económicas alcanzan buenas velocidades de lectura, pero flaquean en escritura sostenida; el modelo grande mantiene su rendimiento incluso bajo cargas prolongadas.
Las pruebas prácticas muestran que ambos modelos cumplen las especificaciones anunciadas y son capaces de gestionar transferencias continuas sin degradación apreciable. Esto las hace útiles para tareas de copia, transferencia de grandes ficheros multimedia y entornos donde la escritura frecuente es común.
Cuándo elegir esta unidad
Esta unidad flash no pretende desplazar a la tarjeta microSD ni al M.2 HAT+ con SSD: más bien amplía las alternativas. Si ya tienes una microSD o un SSD M.2 que funcionan bien, no hay obligación de cambiar. Sin embargo, la unidad oficial brilla en situaciones donde se busca una solución portátil y confiable sin montar hardware adicional, o para equipos Raspberry Pi anteriores al Pi 5 que no pueden aprovechar el M.2 HAT+.
Por precio y practicidad, la versión de 128 GB se sitúa como una opción accesible, mientras que la de 256 GB es la recomendada si el objetivo es obtener máximas velocidades de escritura y mayor capacidad para proyectos exigentes.
Relación calidad-precio
Con precios aproximados de $30 para 128 GB y $55 para 256 GB, la unidad ofrece una alternativa intermedia entre soluciones baratas y configuraciones fijas más costosas. Para usuarios de Raspberry Pi 4 o modelos anteriores que no pueden instalar un HAT M.2, esta unidad representa una mejora tangible respecto a muchas memorias USB genéricas.
Es una opción recomendable para quienes buscan una unidad portátil, fiable y con buenas prestaciones sin pasar al universo de los SSD internos.


