Waymo sigue ampliando su presencia en Estados Unidos y, de forma paralela, una encuesta nacional documenta cómo las olas de frío han impactado la vida cotidiana de millones de personas. En el plano tecnológico, la compañía anunció el despliegue de sus robotaxis en cuatro nuevas áreas metropolitanas: Dallas, Houston, San Antonio y Orlando. Al mismo tiempo, la investigación de opinión pública de AP-NORC muestra que temperaturas anormalmente bajas han provocado facturas más altas, cancelaciones y cortes de energía para un porcentaje significativo de la población.
Estos dos desarrollos, aunque distintos, ilustran cómo la innovación en movilidad y los fenómenos climáticos extremos configuran la vida urbana y las prioridades públicas. A continuación se detallan los aspectos clave de la expansión de Waymo y los hallazgos principales de la encuesta sobre frío extremo.
Expansión de Waymo: alcance y objetivos
La incorporación de Dallas, Houston, San Antonio y Orlando eleva a diez el número de grandes mercados donde Waymo despacha sus vehículos autónomos.
En las seis áreas metropolitanas donde ya operaba, la flota ofrece más de 400.000 viajes semanales, una cifra que la empresa pretende multiplicar: su meta declarada es superar 1 millón de viajes semanales antes de finales de 2026. Inicialmente, la disponibilidad en las nuevas ciudades será limitada, requiriendo el uso de la aplicación de Waymo o, en determinados casos, la integración con plataformas como Uber.
Modelo de negocio y financiación
Para financiar la expansión, Waymo cerró una inyección de capital significativa, recaudando 16.000 millones de dólares y alcanzando una valoración aproximada de 126.000 millones de dólares. Estos recursos apuntalan la adquisición de más vehículos, la infraestructura de operaciones y la puesta a punto de su software. El crecimiento también alimenta especulaciones sobre la independencia de Waymo respecto de Alphabet, matriz donde nació como proyecto de Google en 2009.
Impacto del frío extremo según la encuesta ap-norc
La encuesta nacional realizada por AP-NORC entre 1.156 adultos, del 5 al 8 de febrero, con un margen de error de ±3,9 puntos porcentuales, revela que alrededor de 6 de cada 10 personas en Estados Unidos dicen haberse visto afectadas por un frío severo o tormentas invernales en los últimos cinco años. Esa proporción sube respecto a encuestas previas y refleja tanto la incidencia real como la percepción del fenómeno.
Consecuencias prácticas en hogares y servicios
En términos concretos, cerca de 7 de cada 10 encuestados reportaron haber pagado facturas de electricidad o gas más altas durante el último año por el frío o las tormentas invernales. Además, aproximadamente 4 de cada 10 sufrieron cancelaciones de trabajo o clases, cerca de un 33% experimentó apagones y alrededor de 3 de cada 10 afrontó demoras o cancelaciones en viajes. Estos efectos muestran la carga económica y social que imponen los eventos extremos.
Percepciones sobre el cambio climático y factores meteorológicos
Cuando se consulta sobre las causas, la mayoría de quienes vivieron eventos climáticos severos —incluyendo olas de calor, sequías, huracanes o frío intenso— consideran que el cambio climático es uno de los factores. En términos partidistas, existe una brecha: demócratas e independientes que experimentaron fenómenos extremos son mucho más propensos a atribuirlos al cambio climático que los republicanos. Por ejemplo, unos 8 de cada 10 demócratas que vivieron estos eventos lo vinculan al cambio climático, frente a cerca de 4 de cada 10 republicanos.
Desde la perspectiva científica, aunque el calentamiento global eleva las temperaturas promedio, no impide la aparición de brotes de frío intenso. Fenómenos como el vórtice polar pueden desplazar aire ártico hacia latitudes más bajas; estudios sugieren que los cambios en la región ártica —incluido el rápido calentamiento y la reducción del hielo marino— alteran la dinámica que mantiene ese aire frío confinado.
En conjunto, la expansión de servicios como los robotaxis y los efectos del frío extremo subrayan dos tendencias que afectan a la sociedad: la transformación tecnológica de la movilidad urbana y la creciente necesidad de adaptar infraestructuras y políticas públicas a condiciones climáticas cada vez más volátiles.

