Black Girls Code, la idea de la fundadora y directora general Kimberly Bryant

La fundadora y directora de Black Girls Code, Kimberly Bryant, dice que escuchar y confiar en sus instintos, fue la mejor decisión que tomó.

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La fundadora y directora general de Black Girls Code, Kimberly Bryant, dice que escuchar y confiar en sus instintos, a pesar de lo que otros le aconsejaron, fue una de las mejores decisiones que tomó para su empresa.

Black Girls Code, la visión de la fundadora y directora general Kimberly Bryan t

Incluso cuando otros empujan a los líderes de una empresa a alejarse de su idea de negocio, puede ser más útil escuchar los propios instintos y dejar que el tiempo diga si el camino elegido resulta ser un éxito o un fracaso.

Este fue el caso de Kimberly Bryant, fundadora y directora general de Black Girls Code, una organización sin ánimo de lucro que introduce a las niñas negras en la industria tecnológica a través de proyectos empresariales. Fundada en 2011, esta organización con sede en Oakland (California) enseña realidad virtual, robótica, diseño de juegos, diseño web y desarrollo de aplicaciones móviles a través de talleres, hackathons y campamentos de verano. Con 15 sucursales en todo el país, así como eventos y talleres virtuales, Bryant reveló que hasta la fecha casi 30.000 estudiantes han participado en un evento de Black Girls Code.

Kimberly Bryant, el proyecto Black Girls Code

Hasta hace una década, Bryant dirigía la empresa como un negocio paralelo, financiándolo con su 401(k). La gente de su entorno la animó a cambiarle el nombre, según le dijo a Beatrice Dixon, cofundadora y directora general de The Honey Pot Company, en un evento. Sin embargo, el objetivo de la empresa era centrarse en las niñas negras. Así que Bryant se mantuvo firme. Y terminó siendo uno de los mejores movimientos que hizo para crecer. Cuando la gente buscaba en Google «codificación para niñas negras» o frases similares, su empresa era la primera en aparecer.

«Nuestro nombre es Black Girls Code, y no nos arrepentimos de ello y no queríamos cambiar». Al recordar su decisión, dice que es una afirmación de su trabajo y de los sacrificios que ella y su equipo han hecho desde su fundación.

Hablando de las estrategias e ideales en los que se basa el proyecto, Bryant quiso compartir otras formas en las que ha ayudado a Black Girls Code a convertirse en una fuerza confiando en su intuición.

Celebrar su comunidad

Bryant explicó que hace mucha tutoría a las chicas de sus programas y a las mujeres que conoce en otros lugares, y que la tutoría ha sido clave en sus esfuerzos por hacer crecer su organización y construir una comunidad. Pero lo importante no es sólo la tutoría, sino el estímulo positivo y el apoyo de los demás, que son los que crean las mejores conexiones.

«Esta creencia en los demás es algo que no escuchamos lo suficiente. No escuchamos con suficiente frecuencia declaraciones positivas sobre nosotros mismos», subrayó, y añadió que la celebración era la base de su mensaje. «Esta es la clave, el secreto, sin duda, de lo que hacemos diferente o mejor que otras organizaciones».

Crecer con los clientes

En 2019, Bryant vio cómo un gran grupo de exalumnas de Black Girls Code se iba a la universidad, y reconoció que ya no tendrían el mismo apoyo que tenían en el programa. Por ello, ella y su equipo pusieron en marcha el año pasado un programa para ofrecer a los antiguos alumnos asesoramiento profesional, tutoría, prácticas y, en última instancia, oportunidades de empleo. Escuchar a sus clientes ha ayudado a la empresa a servirles mejor. «Lo que nos dicen cuando les pedimos su opinión es que siguen queriendo vivir en esa comunidad de otras chicas que se parecen a ellas, que tienen un origen similar al suyo y están en un camino parecido, porque hay un poder tremendo en la comunidad», admitió la mujer.

Buscando oportunidades en cada desafío

Cuando se produjo la pandemia de Covid-19, Black Girls Code se vio obligada a suspender los eventos de codificación mientras el país se bloqueaba. Al igual que muchas empresas de eventos, la organización sin ánimo de lucro pasó a ofrecer eventos virtuales. El programa pasó de 3.500 estudiantes al año a más de 10.000. Hoy, la empresa ha vuelto poco a poco a ofrecer eventos presenciales, pero el cambio le enseñó una lección sobre cómo encontrar lo positivo: «Nos abrió los ojos a las posibilidades de poder utilizar estas nuevas herramientas virtuales para ampliar nuestro alcance mucho más allá de lo que habíamos pensado. Fue muy bueno ver que eso ocurriera».

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