La velada comenzó con una provocación: Ben McKenzie lanzó en voz alta una pregunta que sonó más a desafío que a broma: ¿cuándo murió WIRED? La frase fue parte de un guiño a la vieja costumbre de los famosos de leer críticas duras, pero en esta ocasión el blanco fue la publicación que organizó la cita, no el propio invitado. En el mismo espacio se conjugaron la curiosidad por los medios, la nostalgia por los formatos impresos y la atención por el fenómeno cryptocurrency que sigue generando debates.
El formato elegido se llamó WIRED@Night, una serie de encuentros reducidos pensada para fomentar conversaciones más cercanas. Aproximadamente cien asistentes acudieron al Ace Hotel Brooklyn para presenciar la charla entre McKenzie y Andy Greenberg. El ambiente incluyó catering y bebidas aportadas por Aplos, Faccia Brutto, The Sorting Table y Manojo, un marco que combinó lo informal con la intención de debatir ideas complejas sobre tecnología y cultura.
Un diálogo entre actor y periodista
La conversación partió de la trayectoria singular de McKenzie: conocido por interpretar a Ryan en The O.C. y por su reciente viraje hacia la crítica del ecosistema cripto. Él es coautor de Easy Money: Cryptocurrency, Casino Capitalism, and the Golden Age of Fraud y además estrenó un documental independiente, Everyone Is Lying to You For Money. Frente a la audiencia, Greenberg —corresponsal sénior de WIRED y autor de varios reportajes sobre estafas y fraudes digitales— exploró las escenas del libro y del film, repasando viajes y encuentros que ilustran tanto la fascinación como los riesgos del mundo cripto.
Relatos desde el terreno
McKenzie relató desplazamientos a hubs cripto, incluyendo zonas como El Salvador, para entender por qué la tecnología mantiene tracción pese a su reputación polémica. Greenberg aportó contexto periodístico sobre esquemas y promesas incumplidas que han marcado la narrativa pública. En estas anécdotas emergió una idea recurrente: el ecosistema digital no solo ofrece oportunidades técnicas, sino también narrativas emocionales que se vuelven difíciles de desmontar desde fuera.
El atractivo persistente del cripto
Uno de los argumentos que McKenzie presentó para explicar la vigencia del cripto fue de corte social: la soledad masculina. Según su lectura, más que una mera inversión, muchas personas buscan en la comunidad cripto una pertenencia o un refugio. Aquí entran en juego elementos de comunidad y de dinámica de apuestas: para algunos, el intercambio de ideas y la emoción especulativa funcionan como sustituto de la interacción cara a cara, algo que explotó durante la etapa de aislamiento por COVID-19.
De las pantallas a la vida real
La charla no se limitó a diagnosticar; incluyó propuestas implícitas: la necesidad de crear espacios presenciales que contrarresten la fragmentación online. McKenzie celebró cualquier iniciativa que promueva encuentros IRL —en persona— como antídoto para la desconexión digital. Greenberg, por su parte, insistió en que la vigilancia periodística y la educación siguen siendo herramientas cruciales para desenmascarar promesas excesivas y proteger a comunidades vulnerables.
Reflexiones finales
La pregunta sobre si WIRED «murió» funcionó más como disparador que como cierre definitivo. Lo que quedó claro es que los debates sobre medios y cryptocurrency están lejos de agotarse: existen tensiones entre la tecnología, la narrativa mediática y las necesidades humanas básicas de pertenencia. Al terminar la velada en el Ace Hotel Brooklyn, los asistentes se llevaron más preguntas que respuestas, pero también la sensación de que los encuentros pequeños pueden reavivar discusiones necesarias y, tal vez, ayudar a mitigar la soledad que alimenta ciertos excesos digitales.

